Programa 5 de Mayo de 2018

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Hay discos sobre los que se podría escribir un libro. Un relato hablando de su “antes” y su “después”.
Tom Scholz trabajaba como ingeniero para la empresa de fotografía y electrónica Polaroid. Todo lo que ganaba allí lo invertía en su gran obsesión: la música. Por eso con aquel dinero, poco a poco fue construyendo su propio estudio de grabación en el bajo de su casa. Eran los primeros años 70, cuando semejante tecnología no estaba al alcance de cualquier bolsillo. Scholz, músico de academia, estaba obsesionado con lo que para él era la banda perfecta, una en la que las guitarras crujientes tuvieran tanto peso como las voces cristalinas y poderosas. Scholz se obsesionó hasta, con el transcurrir de los años, confeccionar una maqueta en la que tocaba casi todos los instrumentos con la aportación de la voz de su ahora colega Brad Delph, el guitarrista Barry Goudreau y el batería Jim Masdea. Aquel combo fue bautizado como Mother’s Milk y la cinta a modo de demo sería remitida a todas las discográficas de la época. Negativas y oídos sordos, hasta que Epic los fichó y los mandó a grabar su primer disco a California. Tom Scholz no quería grabar fuera de casa, y se las apañó para engañar a la discográfica que pensaba que estaban de sesiones de grabación en Los Ángeles. Para entonces el nombre del grupo ya había cambiado, siendo rebautizados como Boston.
Después de un despegue dubitativo, el estreno de Boston, con un incrédulo Tom Scholz aún trabajando a jornada completa para Polaroid, se convirtió en el disco de debut de mayores ventas hasta ese momento. A día de hoy más de 20 millones de copias le hacen ser uno de los álbumes más vendidos de la historia de la música…

Amor a su propia banda y creer en sus propias posibilidades, esas fueron algunas de las razones para que Michael Sweet, cantante de Stryper, abandonase a Boston en 2011, tras casi cuatro años con ellos. Pero Sweet quería seguir incrementando la historia de su grupo, que había quedado en la incertidumbre y que a partir de entonces se tornó en algo de nuevo fiable y con vocación de permanencia. Habían vuelto en 2003, pero fue entonces cuando su estabilidad los consolidó, llegando a grabar ya siete discos durante el siglo XXI. El último de ellos se llama “God Damn Evil” y es uno de los más contundentes que jamás hayan grabado. “God Damn Evil” es la declaración de principios que por antonomasia la banda de California lleva abanderando desacomplejadamente desde sus inicios. Con un Michael Sweet rotundamente estelar a la voz, como en él es por otra parte habitual, y una nueva colección de buenas canciones de cierta aspereza sónica, la que ellos han decidido para que “God Damn Evil” los lleve por territorios en los que las dudas no existen…

(Esta semana en Rocktopia: BOSTON, STRYPER, SWEET & LYNCH, DOKKEN, MIKE GIANELLI, ADAGIO, AYREON y ASHA)

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