Programa 23 de Febrero de 2019

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Un músico realmente particular y casi olvidado para abrir la edición de hoy de Rocktopia: el vanguardista y virtuoso guitarrista Tim Donahue. Aunque lo de guitarrista se le queda corto a este músico de primerísimo nivel de origen neoyorkino y afincado en Japón desde hace muchos años.
El inquieto Donahue obtuvo cierta relevancia a finales de los 90s cuando su música y su guitarra sin trastes fueron puestos al servicio de la voz de Paul Rodgers en un álbum semi-instrumental en solitario. Donahue venía del jazz, había estudiado en Berklee y es un entusiasta de la invención de nuevos instrumento. Uno de ellos, el arpa-guitarra, se convirtió finalmente en su única prioridad, ya alejado del mundo del rock.
El caso es que con el nuevo milenio Donahue andaba en su época más metalera y rockera, y se cruzó por su cabeza la idea de llevar su música un poco más allá, para acercarla al mundo del rock y el metal progresivos. Compuso un buen puñado de canciones con un vocalista en mente al que consideró ideal para sus nuevas creaciones. Ese cantante no era otro que James LaBrie. La propuesta fue aceptada por el miembro de Dream Theater, quien recomendó a Donahue contar con los servicios del batería Mike Mangini, a quien LaBrie conocía de sus trabajos en solitario. El proyecto se materializó y fue bautizado con el nombre de Madmen & Sinners.
El resultado fue lo que pretendía ser: un meticuloso y particular trabajo de metal progresivo, en su vena más americana. Tomando como cimientos el alud de riffs descomunales que Tim Donahue era capaz de sonsacar a su guitarra sin trastes, filtrada por efectos que le conferían un carácter realmente monolítico. Mientras, Mike Mangini apaleaba su percusión con su densidad habitual, y por supuesto LaBrie aplacaba la avalancha sónica con maestría marca de la casa.

Quién les iba decir por entonces a James LaBrie y a Mike Mangini, que ambos terminarían siendo compañeros en Dream Theater. Y es que se hacía complicado entender a la banda neoyorkina sin Mike Portnoy. Pero el tiempo pasa y se van a cumplir nueve años desde que el teatro de los sueños adoptó su era post-Portnoy y “Distance Over Time” es la prueba de la estabilidad y la aceptación que en mayor o menor grado sus fans otorgan a su actual encarnación. Musicalmente el nuevo álbum de Dream Theater marca contrastadas diferencias con respecto a su anterior obra. Si aquel era un disco conceptual, doble y por lo tanto extenso, basado en una pretendida sofisticación a todos los niveles, con “Distance Over Time” han querido dar el contrapunto y presentar canciones más escuetas -dentro de unos límites, claro- y menos ampulosas. La banda, por primera vez en mucho tiempo, ha trabajado conjuntamente los temas justo antes de entrar a grabarlos, algo que trasciende a la música en forma de mayor frescura. Como suele ser habitual en su caso, la crítica será dispar en sus valoraciones, y los fans seguirán probablemente llenando sus actuaciones en directo, y eso ocurre cuando una banda como ellos llega a un estatus de grupo por encima del bien y del mal. En cualquier caso, para un servidor, “Distance Over Time” una vez más no mejora lo más destacado de lo que Dream Theater ha hecho en su pasado, pero es que eso son palabras mayores y un objetivo difícil de alcanzar. Se trata de un muy digno capítulo de la banda de Nueva York con el grupo a velocidad de crucero…

(Esta semana en Rocktopia: MADMEN & SINNERS, DREAM THEATER, THE SEA WITHIN, MICHAEL HARRIS, AVANTASIA, MAGNUM y STARBREAKER)

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