Programa 11 de Enero de 2020

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Corría el año 1987. Tiempos en los que el hard and heavy del planeta gozaba de una enorme repercusión. Unos chavales de Karlsruhe se intentaban abrir paso y se presentaron a un concurso de jóvenes talentos organizado por la revista Metal Hammer, que por entonces también andaba en plena época de bonanza. Aquellos chicos ganaron el concurso. Se llamaban Pink Cream 69 y en poco tiempo grabarían su primer disco como parte del premio, nada menos que con el sello multinacional Epic. El álbum se publicó en octubre de 1989. No hubo un gran revuelo a su alrededor, pero sirvió a la banda alemana para abrir las radios y televisiones, además de encontrar, evidentemente, en la revista Metal Hammer un serio apoyo. Era el primer grupo profesional del cantante Andi Deris, quien más tarde pasó a formar parte de Helloween. Con ello hizo que mucha gente se interesase por estos Pink Cream 69. Aunque fue después de su salida del grupo cuando Pink Cream 69 alcanzaron sus principales logros…

Dennis Ward fue también uno de los músicos fundadores de Pink Cream 69. Bajista, pero además, productor, ingeniero y miembro de infinidad de proyectos como Unisonic, Place Vendome o Khymera. Ward anunciaba hace unas semanas su decisión de abandonar Pink Cream 69, decepcionado por la falta de actividad del grupo. Y le ha costado poco encontrar una nueva ocupación, por si le faltaran, ya que Dennis Ward es oficialmente el nuevo bajista de Magnum, con quienes ha grabado su aún sin estrenar nuevo disco.
“The Serpent Rings” se pondrá a la venta dentro de unos días y representa el vigésimo primer disco de estudio de está leyenda viva de la escena musical de Brimingham. La banda capitaneada por Tony Clarkin y encabezada por Bob Catley desde 1972, nos trae un nuevo viaje a esos universos que tan bien anuncia la portada mágica del genial Rodney Matthews.
Clarkin es como de costumbre el encargado de diseñar la dirección musical de su nueva criatura, la cual verá la luz el 17 de enero. Él dice que ya hace mucho tiempo que tienen plena libertad por parte de su sello discográfico, para hacer lo que quieren. Y por eso todos sus fans ya saben que serán fieles a ese estilo de hard rock épico y melódico del cual ellos, Magnum, son fidedignos representantes. El sentido cálido de acercar sus canciones, con ese halo entrañable que siempre han poseído, y que ahora casi se multiplica fruto de su venerable veteranía…

(Esta semana en Rocktopia: PINK CREAM 69, MAGNUM, THE FERRYMEN, VISION DIVINE, GENETICS, HEMINIA, AEON ZEN y SILENT CALL)

Programa Especial Discos Destacados 2019 (II)

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Esta es la segunda parte del especial que todos los años por estas fechas dedicamos en dos mitades, a repasar los momentos en los que han sonado en el programa algunos de los mejores discos que han transitado por Rocktopia en los últimos doce meses. ¡Feliz año!

(Esta semana en Rocktopia: ERIC GALES, VIRGIL DONATI, VANDEN PLAS, PAUL GILBERT, EIGHTEENTH HOUR, ASHA y TOOL)

Programa 30 de Noviembre de 2019

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Abrimos esta semana Rocktopia con el que para muchos críticos está considerado como uno de los mejores discos de debut de toda la historia del rock, o sea el primero de Van Halen. La banda de colegiales de Pasadena habían pasado de tocar en fiestas de instituto a hacerlo en los clubs de su zona, una y otra vez. Por el camino recabaron los servicios del cantante Dave Lee Roth al que básicamente invitaron al grupo por ser un niño bien con un equipo de sonido de directo más que atractivo. Él fue en realidad quien pensó que el nombre de Van Halen sonaba mejor que Mammoth, que era su anterior apelativo. Probablemente el último gesto de humildad que se le recuerda. El caso es que Gene Simmons de Kiss les echó el ojo, y no paró de echarles también una mano hasta que vio como se editaba su primer álbum. La producción corrió a cargo de Ted Templeman, quien en tan solo dos semanas de grabación real, extrajo de estos chavales desbordados de energía, gran parte de su potencial. Apenas tenían canciones, todas ellas quedaron plasmadas en el disco. Todo era fresco, sin pensamientos preconcebidos, solo una banda deseosa de explotar y dispuesta a hacerlo lo antes posible. Y por su puesto, por encima de todo, la guitarra de Eddie Van Halen. Simplemente el nacimiento de uno de los guitarristas más importantes y, sobre todo, influyentes de la historia del rock. Si Jimi Hendrix había cambiado el concepto de la guitarra eléctrica, Eddie Van Halen fue el encargado de actualizar su legado y ser posiblemente el primer guitarrista de la era moderna. El virtuosismo y la diversión de la mano en un disco indispensable…

Nos encanta en Rocktopia preguntarle a los músicos con qué disco quieren que abramos el programa para introducir su música, y esa elección hecha del primer disco de Van Halen ha sido cosa de nuestro próximo invitado, y uno de nuestros más ilustres escuchantes, el gran Kike G. Caamaño…

Hacía tres años que Kike no nos deparaba nueva música. Ocupado con las ediciones recopilatorias celebrando las tres décadas de existencia de Asha, hemos tenido que esperar hasta ahora para que el músico gallego afincado en Málaga destape una vez más el tarro de las esencias, o mejor dicho, de “sus” esencias. Porque si hay algo que trasciende de manera palmaria en su nuevo “Disclosure Of Technology” es su contundente presencia; su manera hiper reconocible de hacer las cosas, y lo que hace que esta vez eso haya llegado más lejos, es la sensación más o menos fundada de que Caamaño a estas alturas hace ya básicamente lo que le da la gana. Y eso es bueno, porque el talento se explaya a su antojo sin pedir permiso, al margen de gustos o rechazos, filias y fobias.
Lo nuevo de Asha está formado por tan solo seis temas. Muchas veces criticamos las canciones de relleno tan abundantes en los discos hoy en día. Bien, pues Kike va al grano y lo hace sin compromisos predeterminados. Algunas canciones instrumentales, unas extensas y otras no tanto. Grandes desarrollos puntuales, y la voz casi ya imprescindible de Jacob Poulsen, que vuelve a ser capital.
La tecnología, su uso y el de la información. Sus aspectos más oscuros como base del concepto del disco. El viaje espasmódico en el que valles y picos de fiebre musical marcan el destino nunca escrito de estas canciones. Simplemente uno de los músicos más talentosos de nuestro país probando serlo una vez más…

(Esta semana en Rocktopia: VAN HALEN, ASHA, FLYING COLORS, MARCO SFOGLI, SONATA ARCTICA, ECLIPSE y HEAT)

Programa 9 de Noviembre de 2019

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Es curioso cómo algunos músicos de capacidades técnicas muy altas se sienten irremediablemente atraídos por el heavy rock. Supongo que la fuerza, la diversión y el dinamismo del estilo están detrás del atractivo que han hecho que un bajista como Jonas Reingold haya acometido, a lo largo de su vida, aventuras como la que se llamaba como su propio apellido o si no, ese otro grupo al cual bautizó como Midnight Sun.
Reingold venía de estudiar arte y música hasta los niveles más altos. Había tocado como parte de una banda formada por miembros de ABBA y también en orquestas de jazz. Pero su espíritu más juvenil le pedía guerra, así que imaginó su propia banda de hard rock junto con el vocalista Pete Sandberg, quien venía de tocar con los melódicos Alien. Así en 1996 se formaban Midnight Sun y unos meses después publicaban su primer disco, bajo el título “Another World”. Un álbum de hard rock melódico, a veces algo neoclásico, con denominación de origen escandinava, vibraciones deudoras de los 80 y por supuesto magnificas líneas de bajo…

Después de Midnight Sun, Jonas Reingold ha ido prestando sus servicios en bandas como The Tangent, Kaipa o sus propios Karmakanic, además de ser el bajista durante los últimos veinte años de The Flower Kings. El pasado año el líder de estos, Roine Stolt, decía que no sabía si realizar o no un nuevo disco bajo el nombre de la banda, y por eso editó un trabajo interesante como Roine Stolt’s The Flower King, aunque no era muy entendible que lo hiciese así, y ahora aún más se reafirma esa sensación cuando se publica en estos días el que sí que es con todas las de la ley el nuevo disco de The Flower Kings, al cual han titulado “Waiting For Miracles”.
Lo cierto es que poco importan las inseguridades de Stolt, acerca de cómo firmar sus discos, porque Stolt es un fructífero músico, capaz de escribir canciones y canciones, de todos los metrajes y casi siempre de calidad garantizada. Otra cosa es la intensidad que le pone a sus trabajos, pero felizmente, el nuevo álbum de The Flower Kings se sacude esa problemática a base de mantener las cosas dentro de un encuadre natural, insistiendo en la confección de temas más concisos que otras veces, sin dejar lugar para la monotonía, a pesar de tratarse de un disco doble….

(Esta semana en Rocktopia: MIDNIGHT SUN, THE FLOWER KINGS, HASSE FROBERG & THE MUSICAL COMPANION, OLA ENGLUND, KADAVAR, LEPROUS y PORT NOIR)

Programa 29 de Junio de 2019

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Nuestro paseo por el pasado habitual al inicio de cada Rocktopia nos va a llevar esta vez al año 1988, a lo que fue el quinto disco en solitario de una de las voces más carismáticas y reconocibles del rock sinfónico, el cantante de Yes, Jon Anderson, quien hace más de 30 años editaba “In The City Of Angels”, durante una de sus salidas de su banda de toda la vida, y en el que quiso buscar una dirección netamente comercial a sus canciones. Un Jon Anderson , cuya carrera en solitario siempre se ha caracterizado por representar en todo momento una precisa muestra de lo que es el personaje en cuestión en cada momento de su vida. Este disco sin duda suena ochentero, pero quizás en el buen sentido de la palabra, ya que en este caso se traducía en una producción del nivelazo que se estilaba entonces, cuando había presupuesto detrás, y también en cuanto a colaboraciones del más alto nivel, como las de Paulino Dacosta, Dan Huff, Michael Landau o una abrigada representación del grupo Toto…

La conexión habitual entre nuestro disco del recuerdo y nuestro álbum destacado de la semana viene dada de la mano de Gina Gleason, la joven guitarrista que ha sido miembro del grupo de directo de Jon Anderson en los últimos tiempos, además de haber acompañado también a Carlos Santana y haber sido instrumentista de El Circo del Sol. Ese es su historial previo a su rol desde hace un par de años, como guitarrista y segunda vocalista de la banda Baroness.
Después de tres años y medio desde la edición de su anterior LP, la banda de Georgia retorna con un disco que puede marcar para ellos un antes y un después. Siempre fueron concienzudos a la hora de trasladar a su propuesta todas esas influencias del punk, del post-rock o del chamber rock, pero la materialización de todo ello nunca ha poseído la carga de profundidad y variedad musical de su nuevo “Gold & Grey”. Los cantos desesperados del líder John Baizley siguen aquí, y también los guitarrazos y la producción áspera que aloja esa nerviosa sección de ritmo. Pero hasta el propio Baizley ha declarado haber recordado a Pink Floyd en los procesos de grabación de esta nueva obra. Y es que han añadido atmósferas hasta entonces inéditas, muchas más canciones sosegadas y una sensación de experimentación conceptual antes no explotada. Son los nuevos Baroness. Fieles a su filosofía pero dispuestos a indagar en nuevos horizontes que prometen emociones para próximas entregas…

(Esta semana en Rocktopia: JON ANDERSON, BARONESS, TERAMAZE, JOE STUMP, LARS ERIC MATTSSON, LONERIDER, PAICE-ASHTON-LORD y DEWOLFF)

Programa 25 de Mayo de 2019

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Un álbum pionero para arrancar el programa de hoy. Quizás no un disco que cambiara la historia del rock desde sus cimientos, pero sí una obra que hizo que un subgénero como el metal neoclásico se estableciera como una opción viable. Nos vamos hasta el año 1984 para recordar el primer disco en solitario de un genio de las seis cuerdas como Yngwie Malmsteen; para recordar su primer trabajo en solitario, bautizado como su propia banda desde entonces, Rising Force.
Utilizando el legado de Ritchie Blackmore como base, y cruzándolo, como hasta entonces nadie había hecho, con las pronunciadas influencias de la música clásica, especialmente barroca, de las que el guitarrista sueco era deudor, Rising Force significó un antes y un después en cuanto al concepto que se tenía hasta entonces de la guitarra. Malmsteen era veloz, preciso, abrasador y desacomplejado. Este disco casi instrumental hizo que las tiendas de importación se pusieran manos a la obra, hasta que algunos meses más tarde, dada su relevancia, viera la luz en todo el mundo occidental.
Yngwie Malmsteen abría la brecha, para que después otros como Tony MacAlpine o Vinnie Moore mostraran también al mundo su forma de entender la música. Descubriendo a un vocalista magnífico, como Jeff Scott Soto, y acompañado también de un músico experimentado como el batería de Jethro Tull, Barrimore Barlow…

Sin duda, su corta pero intensa carrera con Yngwie Malmsteen durante algunos de sus años más importantes, fue una inmejorable carta de presentación para Jeff Scott Soto, siempre recordado por ello. Luego, el cantante de origen puertorriqueño se ha erigido como uno de los vocalistas más prolíficos del circuito, con trabajos para grupos de la popularidad de Journey, de la buena reputación de WET o últimamente del prestigio del súper-grupo de metal progresivo Sons Of Apollo, además de su constante carreta en solitario, a la cual quiso, hace unos años, darle un giro estilístico más serio, más profundo y hasta más heavy. Para ello bautizó a su propio grupo con el simple nombre de Soto, y se hizo rodear de músicos con hambre de nuevas cotas como es el caso de nuestro Jorge Salán a la guitarra.
“Origami” es el tercer episodio de esa nueva faceta de Jeff Scott Soto. Tras un debut que llamó la atención y una continuación más discreta, el nuevo álbum de Soto resulta totalmente convincente. Su periplo con Sons Of Apollo rodeado de tan concienzudos músicos parece haber pagado su tributo. Quizás por ello “Origami” suena intenso como casi nunca, echando mano de un buen arsenal de recursos musicales que le otorgan la capacidad para ser un estupendo disco de hard and heavy de alta carga de profundidad, y no pocos atributos técnicos, algo a lo que contribuye decisivamente Jorge Salán quien es desde luego uno de los responsables de todo ello. En cuanto a la voz de Scott Soto, poco que decir, y es que él es desde siempre uno de los cantantes garantizados de su estilo y estilos…

(Esta semana en Rocktopia: YNGWIE J. MALMSTEEN, SOTO, RESTLESS SPIRITS, ROBERT RODRIGO BAND, GENETICS, WHEEL, RENDEZVOUS POINT y PORT NOIR)

Programa 27 de Abril de 2019

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Los inicios musicales de un tipo como Michael Ammot estuvieron vinculados desde un principio a su vena más extrema y oscura. Bandas de death metal seminal como Carnage o Carcass escribieron las primeras líneas de su currículo antes de que llegaran Arch Enemy. Pero algo más habitaba en la mente de Ammot. Algo que necesitaba exponer y que a través de todos esos grupos le era imposible. Por eso, cuando aún militaba en las filas de Carcass, decidió crear un combo como Spiritual Beggars. Un híbrido de proto-metal, classic rock y blues ambientado en la década de los 70s. Corría el año 1992 y nada podía asegurar la continuidad de la banda en unos años imprevisibles, pero un subgénero como el stoner y sus estribaciones encontró acomodo en la amalgama que significó aquella cambiante escena musical, y los Beggars tuvieron su porción de éxito.
2002 fue un año de cambios para ellos. El vocalista Janne “JB” Christoffersson se incorporaba a la banda para ser partícipe de un pequeño giro hacia matices menos corrosivos y de alguna manera más melódicos. La banda de Michael Ammot mantenía la filosofía intacta, de hecho las diferencias entre el anterior y el nuevo cantante no eran significativas, pero decidieron pisar el nuevo siglo suavizando ligeramente sus aristas y haciéndolo todo más sónicamente discernible. Bajo esos preceptos se grababa aquel disco titulado “On Fire”…

Janne “JB” Christoffersson llegó a Spiritual Beggars desde su banda, Grand Magus, y de hecho siguió compaginando sus actividades en ambos grupos, hasta que en 2010 salió de los Beggars dando por finalizado el pluriempleo. Y es que Grand Magus siempre ha sido la criatura de Christoffersson, desde que en el lejano año de 1996 los fundara junto con su colega el bajista Mats “Fox” Skinner. Lo suyo siempre ha sido una reivindicación del metal más auténtico de raíz y poco postureo. Una amalgama que paso a paso fue sonando más a metal clásico, en momentos tocado todavía por la lentitud y la contundencia del doom, dándole especial protagonismo a los riffs pesados sobre los que cimentar sus canciones. “Wolf God” es la nueva entrega de los lobos de Estocolmo. Vivir de los prototipos hasta hacerlos creíbles y respetables en base a una honestidad inquebrantable. La insistencia en sus señas de identidad, en su condición elegida de banda de culto. La grandiosidad voluntariamente rechazada para mantener su vuelo a ras de suelo. Filosofía básica como en la canción que da título al álbum. Los lobos han vuelto…

(Esta semana en Rocktopia: SPIRITUAL BEGGARS, GRAND MAGUS, CORRODED, ALTITUDES & ATTITUDES, MONKEY3, PERVY PERKIN, A.C.T. y SAGA)

Programa 2 de Marzo de 2019

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El estatus de banda de culto es algo que a veces ocurre por casualidad y en otras ocasiones parece que simplemente sucede porque todas las circunstancias conducen a ello. Ese es el caso de Crimson Glory. Ellos nacieron al principio de los 80s intentando imprimir a su música un plus de épica oscuridad y teatralidad que los distinguiera del resto. Querían hacer heavy metal, y lo hacían, pero buscando la melodía, las armonías a dos guitarras, la histriónica y expresiva voz de Midnight, y también prestando atención a su imagen, luciendo durante largo tiempo unas pesadas máscaras de pulido metal con las que ocultaban sus rostros.
Al poco tiempo Crimson Glory consiguieron firmar un contrato con la incipiente compañía Roadrunner con la que editaron sus dos primeros discos, considerados sus trabajos más característicos, y con los que entraron a jugar en la liga de otras bandas de su generación como los primeros Fates Warning y Queensrÿche.
Tras otros dos álbumes, la banda de Florida se sumió en un ir y venir de miembros, de parones, pausas y desequilibrios, que los ha llevado hasta nuestros días, como un grupo que aún existiendo apenas tiene actividad.
“Trascendence”, se editaba en 1988 e incluso consiguió abrir las puertas de la MTV a su música. Se trataban de todas sus credenciales en su máxima expresión. La lírica del metal y la obsesión por los sonidos cristalinos, envueltos en su inseparable halo misterioso…

El fallecimiento de su vocalista original, Midnight, en 2009, puso fin a su larga lista de entradas y salidas en Crimson Glory. Todd La Torre fue uno de sus últimos y más reconocibles sucesores, algo que fue fundamental a la postre para terminar por convertirse en cantante de Queensrÿche..
Tras el cataclismo que significó la sonada y más que polémica ruptura con su vocalista de siempre, Geoff Tate, la presencia de La Torre parece haber devuelto a la banda de Seattle la tranquilidad de la que poco disfrutó con el influyente Tate. Se apresuraron a grabar un primer disco de reinicio en 2013 y su secuela de 2015, pero han tenido que pasar cuatro años para que la continuidad discográfica sea un hecho. “The Verdict” se pone a la venta en estos días, partiendo con la particularidad de que su magnífico batería de siempre, Scott Rockenfield, no ha sido parte del grupo para la grabación, ni lo será para su próxima gira, ocupado criando a su último hijo. Todas las percusiones registradas en “The Verdict” han sido cortesía del propio Todd La Torre quien retoma el instrumento con el que comenzara su andadura musical hace muchos años. De hecho el mismo Rockenfield en alguna ocasión había ponderado a su compañero como buen batería.
Aparte de esa curiosa circunstancia, “The Verdict” apenas se mueve un ápice de lo que son estos Quennsrÿche de la generación post-Tate, o lo que es lo mismo, la reivindicación de los primeros años de la banda, eliminando del sumatorio el factor de evolución, el cual ya no existe, y que fue determinante en el progreso del grupo como banda creadora de obras vanguardistas y tremendamente influyentes. Algo que no es obstáculo para que lo ‘Ryche vuelvan rubricar un estupendo trabajo, que aún pudiendo estar lleno de clichés, son los que ellos mismos crearon y muchos imitaron durante años y años. Y quienes mejor que ellos para retomar el mejor metal melódico y técnico, de denominación de origen americano…

(Esta semana en Rocktopia: CRIMSON GLORY, QUEENSRYCHE, FATES WARNING, GERRY MANCUSO, HAKEN, AUTUMN y WITHIN TEMPTATION)

Programa 16 de Febrero de 2019

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Los movimientos musicales progresan, o eso deberían, para adaptarse a la evolución y perseverar en el tiempo. Opeth es un claro ejemplo de ello. Nacieron, sin duda, con la vocación del death metal como base, pero desde el principio abrieron su propuesta a guitarras acústicas y voces limpias que aparecían esparcidas en sus canciones. En pocos años su sonido y estilo se fueron perfilando y sofisticando hasta convertirse en el máximo exponente del híbrido que significa aunar death metal y rock progresivo. Después de un álbum clave como “Black Water Park”, Opeth quisieron ahondar más en todo ello, así que en 2002 decidieron grabar un disco doble con las dos caras de su propia moneda. Uno fue “Deliverance” siguiendo la línea de sus anteriores obras, y el otro “Damnation”, un disco rupturista y relajado, melancólico, semi-acústico, con voces no guturales y toda la carga al descubierto de influencias de bandas como Camel o Caravan, claves en el crecimiento del jefe Mikael Åkerfeldt. “Damnation” se convirtió prácticamente en el nacimiento de los nuevos Opeth, tal y como hoy los conocemos. Se editaba en la primavera de 2003, y lo cierto es que ha envejecido con toda la brillantez que puede hacerlo semejante acopio de emociones templadas, nostálgicas y de grisácea belleza…

“Damnation” fue uno de los últimos discos de Opeth en los que se podía escuchar la batería de Martín López, el sueco-uruguayo que durante nueve años militó en la banda de Mikael Åkerfeldt y la cual abandonó por problemas de salud. Pero él, que es un hombre inquieto, en 2010 se convirtió en uno de los pilares para materializar otra banda como Soen, la cual se basó en un primer momento en el propio Martín, además del prestigioso bajista Steve DeGiorgo ex de Testament entre otros, o el vocalista de Willowtree, Joel Ekelöf. Pocos podrían haber previsto una continuidad del proyecto, después de idas y venidas de varios miembros durante todo este tiempo, pero lo cierto es que “Lotus” se ponía a la venta hace unos días, ya con sólo López y Ekelöf como miembros originales, pero manteniendo el interés y continuando con su crecimiento dentro de la madurez garantizada por sus experiencias anteriores desde el principio. La alargada sombra de Tool sobrevoló descaradamente sus inicios, algo que poco a poco ha ido dando paso, aún sin olvidarlo, a otras tendencias que bien tienen que ver con lo que es ahora mismo Opeth, lo que enriquece aún más su propuesta…

(Esta semana en Rocktopia: OPETH, SOEN, SEVENTH WONDER, JACKY VINCENT, F.M., DARE y TEN)

Programa 9 de Febrero de 2019

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Puede que los 90s hayan sido la época en la que más de moda estuvieron los discos de tributo. Se pusieron en boga álbumes acústicos, también los de grupos de rock con orquesta clásica de respaldo, y esos en los que músicos de todo tipo y filiación rendían homenaje a ciertos artistas, unas veces por admiración y otras por simple encargo lucrativo. Supongo que ese editado en 1999 con el nombre de “Whole Lotta Blues: Songs Of Led Zeppelin” tendría un poco de todo: músicos que sí habían bebido de las fuentes zeppelianas como Eric Gales y otros para los que Zeppelin no eran más que unos chavalitos como el caso de Otis Rush. El factor que definitivamente diferenciaba esta colección de canciones era en realidad que en este disco aparecían temas por su puesto firmados por Jimmy Page, Robert Plant, John Paul Jones y John Bonham, pero también temas de otros a los que Zeppelin habían versioneado a lo largo de su historia, e incluso alguna canción de las que siempre se rumoreó que la banda británica habían plagiado para escribir sus propios temas. Era una forma de humildemente completar un círculo abierto por Led Zeppelin, ellos hijos del blues, y de su aureola de la más terrenal música del diablo…

Eric Gales participó activamente en ese disco de tributo a Zeppelin, una de las tantas colaboraciones que ha realizado a lo largo de su extensa carrera, la cual llega hasta nuestros días con la edición de su último disco titulado “The Bookends”.
Él grabó su primer álbum cuando tan solo tenía 16 años, estuvo en la cárcel por asuntos de droga y posesión de armas, y cuando volvió a lo que mejor sabe hacer, lo hizo con todas las de la ley, creando discos que le han mantenido como favorito de nombres como Joe Bonamassa, Tosin Abasi de Animals as Leaders, o el mismísimo Carlos Santana. Dave Navarro dijo de él que “el hecho de que no fuera considerado el nombre más grande dentro de los guitarristas era un misterio”. El caso es que “The Bookends” nos trae al gran Eric Gales haciendo un repaso a gran parte de su muestrario de estilos e influencias. Los que le han llegado a interesar a lo largo de su trayectoria. Así en él encontramos blues, soul-rock o funk-rock. King’s-X, Jimi Hendrix o Albert King viven por igual como inspiración de sus nuevas canciones…

(Esta semana en Rocktopia: LED ZEPPELIN TRIBUTE, ERIC GALES, WALTER TROUT, ROBBEN FORD, TORBEN ENEVOLDSEN, HEART, THUNDERMOTHER y MASTODON)