Programa 29 de Junio de 2019

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Nuestro paseo por el pasado habitual al inicio de cada Rocktopia nos va a llevar esta vez al año 1988, a lo que fue el quinto disco en solitario de una de las voces más carismáticas y reconocibles del rock sinfónico, el cantante de Yes, Jon Anderson, quien hace más de 30 años editaba “In The City Of Angels”, durante una de sus salidas de su banda de toda la vida, y en el que quiso buscar una dirección netamente comercial a sus canciones. Un Jon Anderson , cuya carrera en solitario siempre se ha caracterizado por representar en todo momento una precisa muestra de lo que es el personaje en cuestión en cada momento de su vida. Este disco sin duda suena ochentero, pero quizás en el buen sentido de la palabra, ya que en este caso se traducía en una producción del nivelazo que se estilaba entonces, cuando había presupuesto detrás, y también en cuanto a colaboraciones del más alto nivel, como las de Paulino Dacosta, Dan Huff, Michael Landau o una abrigada representación del grupo Toto…

La conexión habitual entre nuestro disco del recuerdo y nuestro álbum destacado de la semana viene dada de la mano de Gina Gleason, la joven guitarrista que ha sido miembro del grupo de directo de Jon Anderson en los últimos tiempos, además de haber acompañado también a Carlos Santana y haber sido instrumentista de El Circo del Sol. Ese es su historial previo a su rol desde hace un par de años, como guitarrista y segunda vocalista de la banda Baroness.
Después de tres años y medio desde la edición de su anterior LP, la banda de Georgia retorna con un disco que puede marcar para ellos un antes y un después. Siempre fueron concienzudos a la hora de trasladar a su propuesta todas esas influencias del punk, del post-rock o del chamber rock, pero la materialización de todo ello nunca ha poseído la carga de profundidad y variedad musical de su nuevo “Gold & Grey”. Los cantos desesperados del líder John Baizley siguen aquí, y también los guitarrazos y la producción áspera que aloja esa nerviosa sección de ritmo. Pero hasta el propio Baizley ha declarado haber recordado a Pink Floyd en los procesos de grabación de esta nueva obra. Y es que han añadido atmósferas hasta entonces inéditas, muchas más canciones sosegadas y una sensación de experimentación conceptual antes no explotada. Son los nuevos Baroness. Fieles a su filosofía pero dispuestos a indagar en nuevos horizontes que prometen emociones para próximas entregas…

(Esta semana en Rocktopia: JON ANDERSON, BARONESS, TERAMAZE, JOE STUMP, LARS ERIC MATTSSON, LONERIDER, PAICE-ASHTON-LORD y DEWOLFF)

Programa 25 de Mayo de 2019

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Un álbum pionero para arrancar el programa de hoy. Quizás no un disco que cambiara la historia del rock desde sus cimientos, pero sí una obra que hizo que un subgénero como el metal neoclásico se estableciera como una opción viable. Nos vamos hasta el año 1984 para recordar el primer disco en solitario de un genio de las seis cuerdas como Yngwie Malmsteen; para recordar su primer trabajo en solitario, bautizado como su propia banda desde entonces, Rising Force.
Utilizando el legado de Ritchie Blackmore como base, y cruzándolo, como hasta entonces nadie había hecho, con las pronunciadas influencias de la música clásica, especialmente barroca, de las que el guitarrista sueco era deudor, Rising Force significó un antes y un después en cuanto al concepto que se tenía hasta entonces de la guitarra. Malmsteen era veloz, preciso, abrasador y desacomplejado. Este disco casi instrumental hizo que las tiendas de importación se pusieran manos a la obra, hasta que algunos meses más tarde, dada su relevancia, viera la luz en todo el mundo occidental.
Yngwie Malmsteen abría la brecha, para que después otros como Tony MacAlpine o Vinnie Moore mostraran también al mundo su forma de entender la música. Descubriendo a un vocalista magnífico, como Jeff Scott Soto, y acompañado también de un músico experimentado como el batería de Jethro Tull, Barrimore Barlow…

Sin duda, su corta pero intensa carrera con Yngwie Malmsteen durante algunos de sus años más importantes, fue una inmejorable carta de presentación para Jeff Scott Soto, siempre recordado por ello. Luego, el cantante de origen puertorriqueño se ha erigido como uno de los vocalistas más prolíficos del circuito, con trabajos para grupos de la popularidad de Journey, de la buena reputación de WET o últimamente del prestigio del súper-grupo de metal progresivo Sons Of Apollo, además de su constante carreta en solitario, a la cual quiso, hace unos años, darle un giro estilístico más serio, más profundo y hasta más heavy. Para ello bautizó a su propio grupo con el simple nombre de Soto, y se hizo rodear de músicos con hambre de nuevas cotas como es el caso de nuestro Jorge Salán a la guitarra.
“Origami” es el tercer episodio de esa nueva faceta de Jeff Scott Soto. Tras un debut que llamó la atención y una continuación más discreta, el nuevo álbum de Soto resulta totalmente convincente. Su periplo con Sons Of Apollo rodeado de tan concienzudos músicos parece haber pagado su tributo. Quizás por ello “Origami” suena intenso como casi nunca, echando mano de un buen arsenal de recursos musicales que le otorgan la capacidad para ser un estupendo disco de hard and heavy de alta carga de profundidad, y no pocos atributos técnicos, algo a lo que contribuye decisivamente Jorge Salán quien es desde luego uno de los responsables de todo ello. En cuanto a la voz de Scott Soto, poco que decir, y es que él es desde siempre uno de los cantantes garantizados de su estilo y estilos…

(Esta semana en Rocktopia: YNGWIE J. MALMSTEEN, SOTO, RESTLESS SPIRITS, ROBERT RODRIGO BAND, GENETICS, WHEEL, RENDEZVOUS POINT y POINT NOIR)

Programa 27 de Abril de 2019

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Los inicios musicales de un tipo como Michael Ammot estuvieron vinculados desde un principio a su vena más extrema y oscura. Bandas de death metal seminal como Carnage o Carcass escribieron las primeras líneas de su currículo antes de que llegaran Arch Enemy. Pero algo más habitaba en la mente de Ammot. Algo que necesitaba exponer y que a través de todos esos grupos le era imposible. Por eso, cuando aún militaba en las filas de Carcass, decidió crear un combo como Spiritual Beggars. Un híbrido de proto-metal, classic rock y blues ambientado en la década de los 70s. Corría el año 1992 y nada podía asegurar la continuidad de la banda en unos años imprevisibles, pero un subgénero como el stoner y sus estribaciones encontró acomodo en la amalgama que significó aquella cambiante escena musical, y los Beggars tuvieron su porción de éxito.
2002 fue un año de cambios para ellos. El vocalista Janne “JB” Christoffersson se incorporaba a la banda para ser partícipe de un pequeño giro hacia matices menos corrosivos y de alguna manera más melódicos. La banda de Michael Ammot mantenía la filosofía intacta, de hecho las diferencias entre el anterior y el nuevo cantante no eran significativas, pero decidieron pisar el nuevo siglo suavizando ligeramente sus aristas y haciéndolo todo más sónicamente discernible. Bajo esos preceptos se grababa aquel disco titulado “On Fire”…

Janne “JB” Christoffersson llegó a Spiritual Beggars desde su banda, Grand Magus, y de hecho siguió compaginando sus actividades en ambos grupos, hasta que en 2010 salió de los Beggars dando por finalizado el pluriempleo. Y es que Grand Magus siempre ha sido la criatura de Christoffersson, desde que en el lejano año de 1996 los fundara junto con su colega el bajista Mats “Fox” Skinner. Lo suyo siempre ha sido una reivindicación del metal más auténtico de raíz y poco postureo. Una amalgama que paso a paso fue sonando más a metal clásico, en momentos tocado todavía por la lentitud y la contundencia del doom, dándole especial protagonismo a los riffs pesados sobre los que cimentar sus canciones. “Wolf God” es la nueva entrega de los lobos de Estocolmo. Vivir de los prototipos hasta hacerlos creíbles y respetables en base a una honestidad inquebrantable. La insistencia en sus señas de identidad, en su condición elegida de banda de culto. La grandiosidad voluntariamente rechazada para mantener su vuelo a ras de suelo. Filosofía básica como en la canción que da título al álbum. Los lobos han vuelto…

(Esta semana en Rocktopia: SPIRITUAL BEGGARS, GRAND MAGUS, CORRODED, ALTITUDES & ATTITUDES, MONKEY3, PERVY PERKIN, A.C.T. y SAGA)

Programa 2 de Marzo de 2019

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El estatus de banda de culto es algo que a veces ocurre por casualidad y en otras ocasiones parece que simplemente sucede porque todas las circunstancias conducen a ello. Ese es el caso de Crimson Glory. Ellos nacieron al principio de los 80s intentando imprimir a su música un plus de épica oscuridad y teatralidad que los distinguiera del resto. Querían hacer heavy metal, y lo hacían, pero buscando la melodía, las armonías a dos guitarras, la histriónica y expresiva voz de Midnight, y también prestando atención a su imagen, luciendo durante largo tiempo unas pesadas máscaras de pulido metal con las que ocultaban sus rostros.
Al poco tiempo Crimson Glory consiguieron firmar un contrato con la incipiente compañía Roadrunner con la que editaron sus dos primeros discos, considerados sus trabajos más característicos, y con los que entraron a jugar en la liga de otras bandas de su generación como los primeros Fates Warning y Queensrÿche.
Tras otros dos álbumes, la banda de Florida se sumió en un ir y venir de miembros, de parones, pausas y desequilibrios, que los ha llevado hasta nuestros días, como un grupo que aún existiendo apenas tiene actividad.
“Trascendence”, se editaba en 1988 e incluso consiguió abrir las puertas de la MTV a su música. Se trataban de todas sus credenciales en su máxima expresión. La lírica del metal y la obsesión por los sonidos cristalinos, envueltos en su inseparable halo misterioso…

El fallecimiento de su vocalista original, Midnight, en 2009, puso fin a su larga lista de entradas y salidas en Crimson Glory. Todd La Torre fue uno de sus últimos y más reconocibles sucesores, algo que fue fundamental a la postre para terminar por convertirse en cantante de Queensrÿche..
Tras el cataclismo que significó la sonada y más que polémica ruptura con su vocalista de siempre, Geoff Tate, la presencia de La Torre parece haber devuelto a la banda de Seattle la tranquilidad de la que poco disfrutó con el influyente Tate. Se apresuraron a grabar un primer disco de reinicio en 2013 y su secuela de 2015, pero han tenido que pasar cuatro años para que la continuidad discográfica sea un hecho. “The Verdict” se pone a la venta en estos días, partiendo con la particularidad de que su magnífico batería de siempre, Scott Rockenfield, no ha sido parte del grupo para la grabación, ni lo será para su próxima gira, ocupado criando a su último hijo. Todas las percusiones registradas en “The Verdict” han sido cortesía del propio Todd La Torre quien retoma el instrumento con el que comenzara su andadura musical hace muchos años. De hecho el mismo Rockenfield en alguna ocasión había ponderado a su compañero como buen batería.
Aparte de esa curiosa circunstancia, “The Verdict” apenas se mueve un ápice de lo que son estos Quennsrÿche de la generación post-Tate, o lo que es lo mismo, la reivindicación de los primeros años de la banda, eliminando del sumatorio el factor de evolución, el cual ya no existe, y que fue determinante en el progreso del grupo como banda creadora de obras vanguardistas y tremendamente influyentes. Algo que no es obstáculo para que lo ‘Ryche vuelvan rubricar un estupendo trabajo, que aún pudiendo estar lleno de clichés, son los que ellos mismos crearon y muchos imitaron durante años y años. Y quienes mejor que ellos para retomar el mejor metal melódico y técnico, de denominación de origen americano…

(Esta semana en Rocktopia: CRIMSON GLORY, QUEENSRYCHE, FATES WARNING, GERRY MANCUSO, HAKEN, AUTUMN y WITHIN TEMPTATION)

Programa 16 de Febrero de 2019

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Los movimientos musicales progresan, o eso deberían, para adaptarse a la evolución y perseverar en el tiempo. Opeth es un claro ejemplo de ello. Nacieron, sin duda, con la vocación del death metal como base, pero desde el principio abrieron su propuesta a guitarras acústicas y voces limpias que aparecían esparcidas en sus canciones. En pocos años su sonido y estilo se fueron perfilando y sofisticando hasta convertirse en el máximo exponente del híbrido que significa aunar death metal y rock progresivo. Después de un álbum clave como “Black Water Park”, Opeth quisieron ahondar más en todo ello, así que en 2002 decidieron grabar un disco doble con las dos caras de su propia moneda. Uno fue “Deliverance” siguiendo la línea de sus anteriores obras, y el otro “Damnation”, un disco rupturista y relajado, melancólico, semi-acústico, con voces no guturales y toda la carga al descubierto de influencias de bandas como Camel o Caravan, claves en el crecimiento del jefe Mikael Åkerfeldt. “Damnation” se convirtió prácticamente en el nacimiento de los nuevos Opeth, tal y como hoy los conocemos. Se editaba en la primavera de 2003, y lo cierto es que ha envejecido con toda la brillantez que puede hacerlo semejante acopio de emociones templadas, nostálgicas y de grisácea belleza…

“Damnation” fue uno de los últimos discos de Opeth en los que se podía escuchar la batería de Martín López, el sueco-uruguayo que durante nueve años militó en la banda de Mikael Åkerfeldt y la cual abandonó por problemas de salud. Pero él, que es un hombre inquieto, en 2010 se convirtió en uno de los pilares para materializar otra banda como Soen, la cual se basó en un primer momento en el propio Martín, además del prestigioso bajista Steve DeGiorgo ex de Testament entre otros, o el vocalista de Willowtree, Joel Ekelöf. Pocos podrían haber previsto una continuidad del proyecto, después de idas y venidas de varios miembros durante todo este tiempo, pero lo cierto es que “Lotus” se ponía a la venta hace unos días, ya con sólo López y Ekelöf como miembros originales, pero manteniendo el interés y continuando con su crecimiento dentro de la madurez garantizada por sus experiencias anteriores desde el principio. La alargada sombra de Tool sobrevoló descaradamente sus inicios, algo que poco a poco ha ido dando paso, aún sin olvidarlo, a otras tendencias que bien tienen que ver con lo que es ahora mismo Opeth, lo que enriquece aún más su propuesta…

(Esta semana en Rocktopia: OPETH, SOEN, SEVENTH WONDER, JACKY VINCENT, F.M., DARE y TEN)

Programa 9 de Febrero de 2019

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Puede que los 90s hayan sido la época en la que más de moda estuvieron los discos de tributo. Se pusieron en boga álbumes acústicos, también los de grupos de rock con orquesta clásica de respaldo, y esos en los que músicos de todo tipo y filiación rendían homenaje a ciertos artistas, unas veces por admiración y otras por simple encargo lucrativo. Supongo que ese editado en 1999 con el nombre de “Whole Lotta Blues: Songs Of Led Zeppelin” tendría un poco de todo: músicos que sí habían bebido de las fuentes zeppelianas como Eric Gales y otros para los que Zeppelin no eran más que unos chavalitos como el caso de Otis Rush. El factor que definitivamente diferenciaba esta colección de canciones era en realidad que en este disco aparecían temas por su puesto firmados por Jimmy Page, Robert Plant, John Paul Jones y John Bonham, pero también temas de otros a los que Zeppelin habían versioneado a lo largo de su historia, e incluso alguna canción de las que siempre se rumoreó que la banda británica habían plagiado para escribir sus propios temas. Era una forma de humildemente completar un círculo abierto por Led Zeppelin, ellos hijos del blues, y de su aureola de la más terrenal música del diablo…

Eric Gales participó activamente en ese disco de tributo a Zeppelin, una de las tantas colaboraciones que ha realizado a lo largo de su extensa carrera, la cual llega hasta nuestros días con la edición de su último disco titulado “The Bookends”.
Él grabó su primer álbum cuando tan solo tenía 16 años, estuvo en la cárcel por asuntos de droga y posesión de armas, y cuando volvió a lo que mejor sabe hacer, lo hizo con todas las de la ley, creando discos que le han mantenido como favorito de nombres como Joe Bonamassa, Tosin Abasi de Animals as Leaders, o el mismísimo Carlos Santana. Dave Navarro dijo de él que “el hecho de que no fuera considerado el nombre más grande dentro de los guitarristas era un misterio”. El caso es que “The Bookends” nos trae al gran Eric Gales haciendo un repaso a gran parte de su muestrario de estilos e influencias. Los que le han llegado a interesar a lo largo de su trayectoria. Así en él encontramos blues, soul-rock o funk-rock. King’s-X, Jimi Hendrix o Albert King viven por igual como inspiración de sus nuevas canciones…

(Esta semana en Rocktopia: LED ZEPPELIN TRIBUTE, ERIC GALES, WALTER TROUT, ROBBEN FORD, TORBEN ENEVOLDSEN, HEART, THUNDERMOTHER y MASTODON)

Programa 2 de Febrero de 2019

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Cuando ni siquiera habían llegado a la mayoría de edad, unos chavales de Estocolmo, algunos de ellos hijos de inmigrantes sudamericanos, formaron en 1992 un grupo llamado Afterglow. Lo suyo fue llegar y empezar a grabar maquetas e incluso en poco tiempo su primer disco, pero eso sería ya tras cambiar su nombre primitivo por el de Mind’s Eye, que es como se les conocería el resto de su carrera. Su crecimiento gradual se iba plasmando en cada uno de los discos que fueron grabando a lo largo de los años. Era como su propio álbum de fotos en el que se registraba su sorprendentemente rápido desarrollo. Y es que Mind’s Eye a las primeras de cambio dejaron a un lado las influencias acusadas de grupos como Queensrÿche y acuñaron su propia manera de hacer las cosas, deudora también de otros referentes como el AOR, el pomp rock y el rock progresivo. Era una misión complicada, y mucho más para músicos de semejante juventud, pero lograron darle consistencia y marchamo de credibilidad a su heterogénea propuesta, así que para los inicios del milenio Mind’s Eye ya sabían hacia donde iban, merced a su manera propia de hacer las cosas.
2007 sería el año de la confirmación, con la edición de un disco extraordinario titulado “A Gentleman’s Hurricane”. Más convincentes que nunca. Más compactos que en el pasado, Mind’s Eye parecía que habían dado con su fórmula ideal…

El líder de Mind’s Eye, Daniel Flores, puso a su banda prácticamente en stand-by, sobre todo debido a las múltiples ocupaciones musicales que le mantienen atareado como músico de sesión o como cabeza de otros proyectos como Murder Of My Sweet; y el bajista y también guitarrista de Mind’s Eye, Johan Niemann pasó en 2010 a formar parte de otra banda sueca; los mucho más oscuros Evergrey, quienes editan en estos días su undécimo disco. La banda comandada por Tom Englund pone sobre el tapete su sello inconfundible de entender la música. Lamentos emocionales, claustrofobia sónica de un grupo cuyo nombre sirve de adjetivo para describir su filosofía.
“The Atlantic” es la nueva pieza de este puzzle que de manera dubitativa naciese hace más de veinte años. Las dudas desaparecieron hace mucho tiempo, y en su lugar se instaló una fe inquebrantable en lo que hacían y siguen haciendo: metal apasionado de alta capacidad técnica, atmósferas casi góticas y sonoridad a prueba de bombas.
Tomas Englund dice sobre este nuevo disco que “El Atlántico, o cualquier océano, representa gran parte de lo que es la vida: las olas rompiendo, la oscuridad y las profundidades, la soledad y la gran inmensidad… el sentirse pequeño en un mundo enorme, y no saber qué hay al otro lado del océano, cómo te va a tratar y en quién te vas a convertir “.

(Esta semana en Rocktopia: MIND’S EYE, EVERGREY, REDEMPTION, DANIEL BAUTISTA, AMORPHIS, SOILWORK y THE NIGHT FLIGHT ORCHESTRA)

ROCKTOPIA, Especial Villancicos Rock VI

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Lo hemos vuelto a hacer y es ya la sexta vez. En Rocktopia nos hemos puesto en situación: hemos adornado todo con el punto hortera del espumillón; hemos cambiado la zambomba y la pandereta por guitarras eléctricas y baterías atronadoras.
Unos son versiones de clásicos más o menos modernos, y otros canciones hechas con un sentido más festivo, más trascendental o más irreverente. Todos valen, todos nos gustan. Bienvenidos a este Especial Villancicos Volumen VI en Rocktopia. Y por supuesto: ¡Feliz Navidad!

(Esta semana en Rocktopia: ASHA, STATUS QUO, THE DARKNESS, CHEAP TRICK, JOE BONAMASSA, MONSTER MAGNET, MICHAEL HARRIS, ORION’S REIGN, THE 69 EYES, LACUNA COIL, KORN y AUGUST BURNS RED)

Especial Discos del Recuerdo 2017/18 (1ª parte)

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Rocktopia adopta el estado de letargo durante la estación de verano, pero te trae hasta el comienzo de la nueva temporada, una serie de monográficos ya casi clásicos. Son programas especiales en los que agrupamos momentos de la temporada que ha finalizado, en este caso la 2017-2018, y que recopilamos según temáticas como la que nos trae hoy hasta aquí: los “discos del recuerdo” que abren Rocktopia cada semana. Para la ocasión hemos reunido siete de esos discos, de muy distinto pelaje, para que se conviertan en el primer programa de los dos que van a haber dedicados a esos discos del pasado…

(Esta semana en Rocktopia: BOSTON, THE FLOWER KINGS, GARY MOORE, UFO, TOOL, THE GATHERING y QUEENS OF THE STONE AGE)

Programa 30 de Junio de 2018

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En la mitad de la década de los 90, cuando internet todavía no era una realidad al alcance de cualquiera, resultaba difícil investigar y estar al tanto de lo que ocurría en todo el mundo, lejos de las directrices de la industria discográfica. En los mentideros se hablaba de la existencia de una banda norteamericana que parecían un cruce aproximado de Dream Theater e Yngwie J. Malmsteen. Aquel grupo se llamaba Symphony-X. Sus inicios dubitativos parecieron encontrar respuesta sólo en Japón y en los rincones más especializados de la vieja Europa. Aquel rumor iba creciendo con el paso del tiempo, hasta que en 1997 Symphony-X editaron su tercer disco, y el que significaría su carta de presentación oficiosa. Sus dos primeros álbumes habían mostrado buenas intenciones no siempre bien canalizadas, pero con “The Divine Wings of Tragedy” marcaron la diferencia. Un punto de inflexión puntualizado por el asentamiento de una formación capitaneada por el virtuoso guitarrista Michael Romeo y el versátil y poderoso cantante Russell Allen.
“The Divine Wings of Tragedy” estaba plagado de todos aquellos guiños a la música clásica de la que Romeo siempre ha sido devoto, combinados, por supuesto, con sus concluyentes guitarrazos y la consiguiente pirotecnia instrumental que daba los requeridos giros progresivos a su música. El primer eslabón consistente al que agarrar una trayectoria musical sin tacha que llega hasta nuestros días…

El nacimiento de Symphony-X vino derivado realmente de la carrera en solitario Michael Romeo. Esa carrera que abandonó evidentemente para volcarse en su propia banda, pero que va a retomar en las próximas semanas con la edición de su nuevo disco en solitario, al que ha titulado “War Of The Worlds / Pt. 1”.
Romeo ha querido verse rodeado de amigos de su entorno de absolutas garantías: ahí está el magnífico batería John Macaluso al que conocía de haber hecho sustituciones en el pasado en Symphony-X (además de ARK, TNT, Yngwie Malmsteen, etc); el bajista John DeServio, amigo suyo del instituto y miembro de Black Label Society; y el descubrimiento de Rick Castellano, un joven cantante al que llevaba siguiendo la pista desde hacía tiempo, y que ha respondido a esa confianza con una actuación deslumbrante.
Romeo dice que en “War Of The Worlds / Pt. 1″ pone “todas las cosas que ama de la música en una licuadora”. Eso significa que junto con las texturas de metal neoclásico y progresivo de rigor, rinde homenaje a los gigantes compositores de bandas sonoras como Bernard Herrmann y John Williams. Todo muy grandilocuente, bombástico y hasta de alguna manera cinemátográfico en momentos concretos…

(Esta semana en Rocktopia: SYMPHONY-X, MICHAEL ROMEO, 3.2, JOHN McGURK, LIZZY BORDEN, NIGHT FLIGHT ORCHESTRA, ULTRAPHONIX y REEF)