Programa 5 de Octubre de 2019

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El final de los setenta y el principio de los años ochenta hizo a una banda como Kansas redireccionar su propuesta. El problema es que no todos sus componentes remaban en la misma dirección, y el cambio de década mostró a un grupo dubitativo, lo que trajo consigo severos cambios de formación. Variaciones de titulares en las que sus líderes naturales, Steve Walsh y Kerry Livgren, se mostraban incompatibles. Cuando uno de ellos salía del grupo, el otro volvía y viceversa. Así llegamos al año 1986. Años dorados del arena Rock, y el hard más comercial, y la difícil adaptación de unos viejos dinosaurios a aquel decorado.
Steve Walsh volvía a Kansas por entonces, y se traía con él a su colega Bill Greer, con quien había coincidido en su grupo de hard melódico Streets. Aunque la incorporación clave sería la de Steve Morse. El guitarrista venía de tocar con los incomparables e inclasificables Dixie Dregs. Un músico estelar y de estilo inconfundible que tiende a influir decisivamente en todo aquello en lo que participa, y por eso “Power”, el disco resultante de esa nueva encarnación de Kansas, se tornó como un perfecto reflejo de aquellos tiempos y de aquellos ingredientes musicales. Ahí estaba la voz de inmenso rango de Walsh, aún intachable, quien trajo de la mano sus nuevas inclinaciones de hard rock comercial, y cómo no, la magia de Morse quien con su toque de elegancia sublime y accesibilidad se sumaba a los guiños de tendencia progresiva por los que Kansas siempre habían sido conocidos. Un disco excelente, con un sonido deudor de aquella época y una producción a la altura de las circunstancias…

Aquella aventura de Steve Morse con Kansas puso de alguna manera al guitarrista de Ohio en el foco de la popularidad, y ello quizás jugó su baza importante para que terminara siendo el guitarrista de Deep Purple desde 1994 y hasta nuestros tiempos. Sin embargo la baja actividad de la legendaria banda británica le hace encontrar tiempo para dedicarse a otro de sus proyectos, el súper-grupo Flying Colors. Ese grupazo que desde 2012 está formado, además de por el propio Morse, por Mike Portnoy a la batería; Neal Morse a la voz y teclados; Dave LaRue al bajo y Casey McPherson a la voz.
“Third Degree” es el nombre del tercer esfuerzo en estudio de estos músicos extraordinarios que nos vuelven a regalar una colección de canciones a la altura de muy pocos. Porque pocos músicos son capaces de imprimir a la vocación progresiva inequívoca de Flying Colors, toda esa carga de profundidad netamente pop, con el toque entrañable con el que ellos lo hacen, terminando por redondear canciones entre las cuales quizás no encontremos esta vez tantos temas inmediatos, pero que a las segundas de cambio te terminan por conquistar irremediablemente una vez más…

Esta semana en Rocktopia: KANSAS, FLYING COLORS, PATTERN SEEKING ANIMALS, CICONIA THRESHOLD, THE 69 EYES y HOLLYWOOD VAMPIRES.

Programa 28 de Septiembre de 2019

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La península Rusa de Kamchatka es un territorio de singular y salvaje belleza. Un lugar inhóspito y de difícil acceso. Tan enigmático sitio ha sido inspiración para películas, para literatura y también para la música de un trío formado en 2001 y que adoptó su complicado nombre como bandera.
Kamchatka son suecos y desde siempre un contenedor de músicas dispares, que confluyen en sus formas ultra-orgánicas, acogiendo su gusto por el blues, por el classic rock o por el rock progresivo. Hace diez años editaban su tercer álbum. Un trabajo bautizado con el nombre de “Volume III” y que contaba con la colaboración del por entonces teclista de Opeth, Per Wiberg, quien estampaba su firma en temas como “See”…

Escuchábamos a Per Wiberg en su primera colaboración con Kamchatka, cuando aún era miembro de Opeth, quienes en estos días sacan a la luz su nuevo disco de estudio. Y lo hacen con versiones cantadas en inglés y en su lengua madre, el sueco. Y para que todo quede ligado por un idioma universal, su título es en latín: “In Cauda Venenum”.
El viaje iniciado por Mikael Akerfeldt hace casi una década, volcándose en sus influencias de rock progresivo tradicional y música de los setenta, encuentra su continuación, y hasta quizás su acentuación, en este décimo tercer disco de la banda. Akerfeldt dice que además esta vez a redescubierto a Deep Purple o a Kate Bush, durante los procesos de creación, y también ha sido importante el hallazgo del artista de pop rock Philamore Lincoln, a quien reconoce como ascendiente para la consecución de “In Cauda Venenum”, con sus tempos pausados, sinuosos y misteriosos, como lo es también la magnífica portada del prestigioso Travis Smith…

(Esta semana en Rocktopia: KAMCHATKA, OPETH, SONS OF APOLLO, GENERATION AXE, TOOL, UNPROCESSED y VITJA)

Programa 29 de Junio de 2019

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Nuestro paseo por el pasado habitual al inicio de cada Rocktopia nos va a llevar esta vez al año 1988, a lo que fue el quinto disco en solitario de una de las voces más carismáticas y reconocibles del rock sinfónico, el cantante de Yes, Jon Anderson, quien hace más de 30 años editaba “In The City Of Angels”, durante una de sus salidas de su banda de toda la vida, y en el que quiso buscar una dirección netamente comercial a sus canciones. Un Jon Anderson , cuya carrera en solitario siempre se ha caracterizado por representar en todo momento una precisa muestra de lo que es el personaje en cuestión en cada momento de su vida. Este disco sin duda suena ochentero, pero quizás en el buen sentido de la palabra, ya que en este caso se traducía en una producción del nivelazo que se estilaba entonces, cuando había presupuesto detrás, y también en cuanto a colaboraciones del más alto nivel, como las de Paulino Dacosta, Dan Huff, Michael Landau o una abrigada representación del grupo Toto…

La conexión habitual entre nuestro disco del recuerdo y nuestro álbum destacado de la semana viene dada de la mano de Gina Gleason, la joven guitarrista que ha sido miembro del grupo de directo de Jon Anderson en los últimos tiempos, además de haber acompañado también a Carlos Santana y haber sido instrumentista de El Circo del Sol. Ese es su historial previo a su rol desde hace un par de años, como guitarrista y segunda vocalista de la banda Baroness.
Después de tres años y medio desde la edición de su anterior LP, la banda de Georgia retorna con un disco que puede marcar para ellos un antes y un después. Siempre fueron concienzudos a la hora de trasladar a su propuesta todas esas influencias del punk, del post-rock o del chamber rock, pero la materialización de todo ello nunca ha poseído la carga de profundidad y variedad musical de su nuevo “Gold & Grey”. Los cantos desesperados del líder John Baizley siguen aquí, y también los guitarrazos y la producción áspera que aloja esa nerviosa sección de ritmo. Pero hasta el propio Baizley ha declarado haber recordado a Pink Floyd en los procesos de grabación de esta nueva obra. Y es que han añadido atmósferas hasta entonces inéditas, muchas más canciones sosegadas y una sensación de experimentación conceptual antes no explotada. Son los nuevos Baroness. Fieles a su filosofía pero dispuestos a indagar en nuevos horizontes que prometen emociones para próximas entregas…

(Esta semana en Rocktopia: JON ANDERSON, BARONESS, TERAMAZE, JOE STUMP, LARS ERIC MATTSSON, LONERIDER, PAICE-ASHTON-LORD y DEWOLFF)

Programa 22 de Junio de 2019

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Historias de bandas tenaces y discretas a lo largo del tiempo. En 1994 tuvo lugar la formación del combo romano DGM. Se trataba de un grupo instrumental cuyas siglas coincidían con el nombre de sus componentes. Mercados lejanos como el japonés les abrieron los brazos, y gracias a ello, entre otras cosas, pudieron continuar su carrera en un momento poco favorable. Los cambios de formación se sucedieron constantemente, hasta el punto de que tras algún tiempo ninguno de los miembros originales, a los que DGM debía su nombre, continuaban en la banda. Uno de esos nuevos miembros era Simone Mularoni: productor e ingeniero de sonido, además de guitarrista de su generación, que entró en el grupo italiano para aportar un punto de modernidad y un plus de virtuosismo. El primer disco de DGM con Mularoni como pieza básica sería “Different Shapes”. Álbum editado en 2007 que encauzaba la propuesta del grupo dentro de unos parámetros más concretos, para explotar sin complejos todo su potencial como ejemplo de buen prog power metal melódico, a lo que se sumaba la experiencia a nivel sonoro del propio Mularoni, que se encargó también de esa faceta creativa. El resultado fue un disco de críticas positivas por parte de la prensa y público.

Hace algunos años DGM firmaron con el sello discográfico italiano Frontiers. Una relación muy natural dada la procedencia y el calado de ambas partes. El caso es que esa relación ha traído consigo la participación recurrente de Simone Mularoni como músico de estudio y productor de algunos de los lanzamientos que la compañía ha puesto en marcha en los últimos años. Uno de ellos, y seguramente de los más ambiciosos, es el que lleva por nombre Sweet Oblivion. Significa la unión del músico trasalpino con el talento de uno de los vocalistas más característicos en su especie de los últimos treinta años, ni más ni menos que el tantas veces errático Geoff Tate. Afortunadamente, Tate ha encontrado en la compañía de Mularoni el poso de tranquilidad y las ideas prefijadamente claras, que pueden ser la mejor medicina para el actual cantante de Seattle. Su tradicional audacia no está aquí, pero eso es algo que últimamente no le estaba dando buenos resultados, así que a cambio nos encontramos con una colección de temas poco sorpresivos, como era de esperar por parte de Mularoni, pero con su clarividencia ya clásica. Buenas canciones, estupenda producción, magníficas interpretaciones, y la voz de Tate que, después de muchas lunas dando palos de ciego, encuentra uno de los lugares naturales por los que se hizo el referente que siempre ha sido. Metal melódico y profundo de primer nivel. Nada nuevo, pero que recuerda a los Queensryche más accesibles y representa una buena noticia para muchos…

(Esta semana en Rocktopia: D.G.M., SWEET OBLIVION, QUEENSRYCHE, MYRATH, PAUL GILBERT, NEAL MORSE, JORDAN RUDESS y KENNY WAYNE SHEPHERD)

Especial Festival “Rock The Coast” 2019

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Ya sabéis que en Rocktopia nos gusta darle especial importancia a algunos festivales a los que de vez en cuando dedicamos un programa monográfico. Este año, la deslumbrante aparición del festival Rock The Coast ha hecho que nuestros ojos -y también nuestros oídos-, se hayan inclinado por él como evento destacado de la temporada festivalera.
El festival Rock The Coast va a tener lugar los próximos 14 y 15 de Junio, en la localidad malagueña de Fuengirola, en concreto en el Parque del Castillo-Recinto Mare Nostrum. ¡Allí nos vemos!

(Esta semana en Rocktopia: UFO, Scorpions, Europe, Von Hertzen Brothers, Magnum, Opeth, Rainbow y Conception)

Programa 1 de Junio de 2019

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Como en todas las eras musicales de gran efervescencia, según se fueron desarrollando los ochenta la forma de hacer las cosas fue cambiando con bastante rapidez. Los músicos cada vez intentaban tocar mejor y aplicar sus cualidades técnicas a su música. El thrash y el speed metal no fueron ajenos a ello, bandas como Metallica se iban desarrollando en ese sentido, y otras nuevas como Annihilator nacieron ya con esa filosofía como norma.
La banda de Jeff Waters se formó en 1984 y cinco años después editarían su representativo primer álbum con el título de “Alice In Hell”, publicado bajo los auspicios de la otrora combativa y pionera Roadrunner Records. Con aquel trabajo Annihilator se separaban de muchos de sus coetáneos, esgrimiendo la furia inherente a su género, la cual era aderezada con ciertas capacidades instrumentales menos habituales en aquel momento, pero que eran el ejemplo de lo que estaba comenzando a ocurrir en el mundo de la música más potente y frenética. “Alice In Hell” terminó vendiendo más de un millón de copias en todo el mundo. Todo un sorpresivo best seller con temas como este “Alison Hell” que es uno de los himnos del grupo…

El líder de nuestros próximos protagonistas se llama Rich Hinks. Es el actual bajista y productor de Annihilator, aunque su criatura propia, para la que toca la guitarra y casi cualquier instrumento que se le ponga por delante; la que él creó hace once años, se llama Aeon Zen y pasa en nuestros días por la edición de su nuevo trabajo. Se trata de su quinto LP, y el primero en ser escrito por toda la banda al completo, dejando esta vez de lado el tradicional protagonismo de Hinks, aunque él es quien controla todo lo que sucede en este “Inveritas”, que nos trae la evolución que esta magnífica banda ha llevado a cabo en todo este tiempo. Esa confluencia del prog-metal tradicional cruzado con músicas más de vanguardia y un toque djent que sobrevuela todo este ente de oscura orientación y brillante resultado…

(Esta semana en Rocktopia: ANNIHILATOR, AEON ZEN, Nth ASCENSION, NITA STRAUSS, KANE ROBERTS, THE END MACHINE y RED DRAGON CARTEL)

Programa 25 de Mayo de 2019

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Un álbum pionero para arrancar el programa de hoy. Quizás no un disco que cambiara la historia del rock desde sus cimientos, pero sí una obra que hizo que un subgénero como el metal neoclásico se estableciera como una opción viable. Nos vamos hasta el año 1984 para recordar el primer disco en solitario de un genio de las seis cuerdas como Yngwie Malmsteen; para recordar su primer trabajo en solitario, bautizado como su propia banda desde entonces, Rising Force.
Utilizando el legado de Ritchie Blackmore como base, y cruzándolo, como hasta entonces nadie había hecho, con las pronunciadas influencias de la música clásica, especialmente barroca, de las que el guitarrista sueco era deudor, Rising Force significó un antes y un después en cuanto al concepto que se tenía hasta entonces de la guitarra. Malmsteen era veloz, preciso, abrasador y desacomplejado. Este disco casi instrumental hizo que las tiendas de importación se pusieran manos a la obra, hasta que algunos meses más tarde, dada su relevancia, viera la luz en todo el mundo occidental.
Yngwie Malmsteen abría la brecha, para que después otros como Tony MacAlpine o Vinnie Moore mostraran también al mundo su forma de entender la música. Descubriendo a un vocalista magnífico, como Jeff Scott Soto, y acompañado también de un músico experimentado como el batería de Jethro Tull, Barrimore Barlow…

Sin duda, su corta pero intensa carrera con Yngwie Malmsteen durante algunos de sus años más importantes, fue una inmejorable carta de presentación para Jeff Scott Soto, siempre recordado por ello. Luego, el cantante de origen puertorriqueño se ha erigido como uno de los vocalistas más prolíficos del circuito, con trabajos para grupos de la popularidad de Journey, de la buena reputación de WET o últimamente del prestigio del súper-grupo de metal progresivo Sons Of Apollo, además de su constante carreta en solitario, a la cual quiso, hace unos años, darle un giro estilístico más serio, más profundo y hasta más heavy. Para ello bautizó a su propio grupo con el simple nombre de Soto, y se hizo rodear de músicos con hambre de nuevas cotas como es el caso de nuestro Jorge Salán a la guitarra.
“Origami” es el tercer episodio de esa nueva faceta de Jeff Scott Soto. Tras un debut que llamó la atención y una continuación más discreta, el nuevo álbum de Soto resulta totalmente convincente. Su periplo con Sons Of Apollo rodeado de tan concienzudos músicos parece haber pagado su tributo. Quizás por ello “Origami” suena intenso como casi nunca, echando mano de un buen arsenal de recursos musicales que le otorgan la capacidad para ser un estupendo disco de hard and heavy de alta carga de profundidad, y no pocos atributos técnicos, algo a lo que contribuye decisivamente Jorge Salán quien es desde luego uno de los responsables de todo ello. En cuanto a la voz de Scott Soto, poco que decir, y es que él es desde siempre uno de los cantantes garantizados de su estilo y estilos…

(Esta semana en Rocktopia: YNGWIE J. MALMSTEEN, SOTO, RESTLESS SPIRITS, ROBERT RODRIGO BAND, GENETICS, WHEEL, RENDEZVOUS POINT y POINT NOIR)

Programa 18 de Mayo de 2019

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Led Zeppelin siempre han sido una de las grandes leyendas de la historia del rock, y algo que ha contribuido decisivamente a ello es el hecho de haber rechazado sistemáticamente todas las ofertas de reunión que les han puesto encima de la mesa. El final de los 80s y el principio de los años 90s fue un periodo especialmente fructífero para las rumorologías en ese sentido. Hay quien dice que por aquel entonces era Robert Plant quien no daba su brazo a torcer, y hay quien piensa que esa fue una de las razones para que Jimmy Page decidiese cambiar de compañero de viaje para unir sus fuerzas a las de David Coverdale. Los años de mega éxito de Whitesnake ya eran historia; la música alternativa había barrido con todo ello, pero el tirón de Coverdale era todavía evidente, así que ambos se pusieron a trabajar en la consecución de un disco que fuera el perfecto híbrido de lo que tanto guitarrista como cantante significaban. O sea, el cruce de los Led Zeppelin más rockeros con los Whitesnake de aquellos tiempos.
El proyecto comenzó oficialmente en 1991. Las canciones del álbum se grabaron en forma de producción de alto presupuesto en estudios del más alto nivel, como los Little Mountain de Vancouver, Criteria Studios de Miami, o los míticos Abbey Road londinenses. Sin embargo, el disco en sí se retrasó en la postproducción durante más de un año, hasta que finalmente vio la luz en marzo de 1993.
Producción del gran Mike Fraser, quien venía de trabajar en aquella época con los propios Whitesnake, además de AC/DC, Aerosmith o The Cult, e importante la participación del batería Denny Carmasi, el hombre de Mostrose, Sammy Hagar o Heart. “Coverdale-Page”, que es como simplemente se denominó el álbum, llegó a disco de platino en Estados Unidos y Canadá, buenas ventas en otros países como el Reino Unido o Alemania y cosechó críticas mayoritariamente positivas, para terminar siendo un clásico casi olvidado…

El cataclismo que provocó el rock alternativo se llevó por delante a los Whitesnake de los cabellos cardados y a casi todos sus congéneres. Pero el destino, que es caprichoso, ha querido que grupos como ellos aún existan y gocen de buena salud, como queda probado con la edición del nuevo álbum de Whitesnake. Detrás de una más que dudosa portada y titulado “Flesh and Blood”, se acaba de editar después de más de un año de dilación. Significa la vuelta de la serpiente blanca tras su trabajo de versiones de Deep Purple en 2015, el cual no fue entendido por gran parte de público y prensa. Así que nos tenemos que remontar a 2011 para encontrar al antecesor de “Flesh and Blood” como disco original de estudio, y creo que en la comparación sale ganando este último capítulo de la serpiente blanca. En parte gracias al notable estado de voz de un icono generacional como es David Coverdale, y por supuesto porque el álbum está dotado de buenas y variadas canciones, dentro de lo que es el espectro de los últimos Whitesnake, en esa persecución por encontrar el balance de los últimos ochenta, los primeros años de esa década y la adaptación relativa a los tiempos que corren.
La formación se beneficia de una alineación de músicos ya estable desde hace muchos años, sobre todo en el caso del ex guitarrista de Winger, Reb Beach, quien co-escribe con Coverdale las canciones, y uno de los baterías más aclamados de Whitesnake, Tommy Aldridge que repite tras volver al redil en el anterior disco…

(Esta semana en Rocktopia: COVERDALE-PAGE, WHITESNAKE, BURNING RAIN, LAST IN LINE, OLA ENGLUND, PER WIBERG, OPETH y UNITED PROGRESSIVE FRATERNITY)

Programa 27 de Abril de 2019

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Los inicios musicales de un tipo como Michael Ammot estuvieron vinculados desde un principio a su vena más extrema y oscura. Bandas de death metal seminal como Carnage o Carcass escribieron las primeras líneas de su currículo antes de que llegaran Arch Enemy. Pero algo más habitaba en la mente de Ammot. Algo que necesitaba exponer y que a través de todos esos grupos le era imposible. Por eso, cuando aún militaba en las filas de Carcass, decidió crear un combo como Spiritual Beggars. Un híbrido de proto-metal, classic rock y blues ambientado en la década de los 70s. Corría el año 1992 y nada podía asegurar la continuidad de la banda en unos años imprevisibles, pero un subgénero como el stoner y sus estribaciones encontró acomodo en la amalgama que significó aquella cambiante escena musical, y los Beggars tuvieron su porción de éxito.
2002 fue un año de cambios para ellos. El vocalista Janne “JB” Christoffersson se incorporaba a la banda para ser partícipe de un pequeño giro hacia matices menos corrosivos y de alguna manera más melódicos. La banda de Michael Ammot mantenía la filosofía intacta, de hecho las diferencias entre el anterior y el nuevo cantante no eran significativas, pero decidieron pisar el nuevo siglo suavizando ligeramente sus aristas y haciéndolo todo más sónicamente discernible. Bajo esos preceptos se grababa aquel disco titulado “On Fire”…

Janne “JB” Christoffersson llegó a Spiritual Beggars desde su banda, Grand Magus, y de hecho siguió compaginando sus actividades en ambos grupos, hasta que en 2010 salió de los Beggars dando por finalizado el pluriempleo. Y es que Grand Magus siempre ha sido la criatura de Christoffersson, desde que en el lejano año de 1996 los fundara junto con su colega el bajista Mats “Fox” Skinner. Lo suyo siempre ha sido una reivindicación del metal más auténtico de raíz y poco postureo. Una amalgama que paso a paso fue sonando más a metal clásico, en momentos tocado todavía por la lentitud y la contundencia del doom, dándole especial protagonismo a los riffs pesados sobre los que cimentar sus canciones. “Wolf God” es la nueva entrega de los lobos de Estocolmo. Vivir de los prototipos hasta hacerlos creíbles y respetables en base a una honestidad inquebrantable. La insistencia en sus señas de identidad, en su condición elegida de banda de culto. La grandiosidad voluntariamente rechazada para mantener su vuelo a ras de suelo. Filosofía básica como en la canción que da título al álbum. Los lobos han vuelto…

(Esta semana en Rocktopia: SPIRITUAL BEGGARS, GRAND MAGUS, CORRODED, ALTITUDES & ATTITUDES, MONKEY3, PERVY PERKIN, A.C.T. y SAGA)

Programa 20 de Abril de 2019

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Una de las características de Dream Theater, sobre todo a partir de verse asentados como banda de referencia, fue su enorme ética de trabajo y su casi obsesiva pasión por crear música. Al final de la década de los 90s se produjo cierto movimiento de resurgimiento de la escena del rock progresivo y estilos afines, a nivel global. Una de las discográficas claves en aquellos años de nuevos bríos sería la californiana Magna Carta. Ellos se acercaron a Mike Portnoy, con quien estaban trabajando en diferentes proyectos, y le propusieron la confección de un súper-grupo a la antigua usanza. Portnoy elegiría a los músicos con los que quería trabajar y editarían el correspondiente disco. Corría el año 1996. El batería de Dream Theater escribió una larga lista en la que quedaron confirmados el Mr.Big, Billy Sheehan como bajista y el Stratovarius Jens Johansson como teclista. La elección de un guitarrista fue más complicada: Trevor Rabin, ex de Yes; Steve Morse de Deep Purple; Dimebag Darrell de Pantera o hasta Brian May de Queen fueron contactados. A unos les era imposible cuadrar su agenda, y otros simplemente dijeron que no. El proyecto quedó entonces en pausa, hasta que meses más tarde, al segundo intento, tras la insistencia de la discográfica, Mike Portnoy retomó negociaciones. La disponibilidad había cambiado. Tony Levin bajista de King Crimson y el teclista siempre pretendido por Dream Theater, Jordan Rudess, dieron el sí. El puesto de guitarrista volvió a ser un obstáculo, hasta que Portnoy, tirando por la calle de en medio, ofreció el puesto a su entonces compañero John Petrucci, quien aceptó encantado. Listos y preparados, Liquid Tensión Experiment acababa de nacer. Uno de los proyectos paralelos de mayor reputación de todos los pergeñados por miembros de Dream Theater cobraba por fin vida, pero con una filosofía muy distinta a ellos. Esta vez se trataba de improvisar, de tocar todos juntos en el estudio de grabación y observar qué sucedía. Y lo que sucedieron fueron dos estupendos álbumes, muy bien recibidos, el primero de los cuales sería editado en marzo de 1998…

Cuando todavía está colocado en el departamento de novedades de las tiendas de discos (de las pocas que desgraciadamente hoy existen) el último disco de Dream Theater, nos encontramos con el lanzamiento en solitario de su ínclito teclista. “Wired For Madness” es, si no me fallan las cuentas, el decimocuarto álbum en solitario de Jordan Rudess. Una carrera por sí mismo que comenzó cuando pocos lo conocían al final de los 80s y que llega hasta la actualidad plagada de trabajos de muy diverso pelaje. El neoyorkino siempre ha utilizado este tipo de discos para hacer de ellos el contenedor de ideas que no caben en su banda de turno, en este caso Dream Theater. Y lo hace sin ningún complejo. A veces con álbumes homogéneos, con una filosofía clara, y en otras ocasiones, como es el caso de su nueva obra, optando por recolectar canciones de diferente naturaleza. En “Wired For Madness” hay cabida para el rock progresivo y sinfónico de la vieja escuela; tiempo para la fusión y hasta momento para el blues. Todo es bienvenido en la inmensa mente musical de este prodigioso teclista e investigador y creador de sonidos sintetizados. Un disco disperso, mitad instrumental y en el que encontramos la discreta de voz de Rudess al lado de colaboraciones de lujo, como las del inmenso Marco Minnemann o su amigo en Dixie Dregs, Rod Morgenstein a los tambores. O si no guitarristas de la categoría de Vinnie Moore, Guthrie Govan, Joe Bonamassa o su compañero John Petrucci.

(Esta semana en Rocktopia: LIQUID TENSION EXPERIMENT, JORDAN RUDESS, DREAM THEATER, NICOLAS WALDO, GARY HOEY, BACKYARD BABIES y SWALLOW THE SUN)