Programa 23 de Marzo de 2019

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Pink Floyd estaban ya sólo capitaneados por David Gilmour cuando en 1988 publicaron su primer disco completo en directo. La alargada sombra de Roger Waters amenazaba, pero Gilmour fue más Gilmour que nunca y había preparado un nuevo disco de la banda en 1987. De la multitudinaria gira de presentación de aquel “A Momentary Lapse Of Reason” nacieron las grabaciones del posterior “Delicate Sound Of Thunder” realizadas en agosto de 1988, en el Nassau Coliseum, durante cinco noches consecutivas. Una grabación audiovisual casi como colofón al final de la gira inicial del “Momentary Lapse Tour 1987/88”. La calidad técnica de la puesta en escena habitual del grupo trató de plasmarse en esta diáfana grabación, con multitud de músicos sobre el escenario y toda la parafernalia de luz, sonido e imágenes tan característicos de Pink Floyd a lo largo de su historia.
La parte visual de los conciertos fue estrenada en formato VHS, Video CD y Laserdisc y nominada para un Premio Grammy por Mejor Video Musical de larga duración. Temas de lo que era su último disco en aquel entonces y rendiciones a los álbumes más vendidos del grupo…

Uno de los músicos que aparece en “Delicate Sound Of Thunder”, perteneciendo a Pink Floyd en sus últimas épocas (hasta se casó con la hija del teclista Richard Wright), es el bajista Guy Pratt. Sesionero de lujo, con créditos en innumerables álbumes de Madonna, Tom Jones, Rod Stewart o Gary Moore, Guy Pratt también es amigo de los alemanes RPWL y por eso ha colaborado con su bajo en su último “Tales From Outer Space”, el cual se pone en circulación en estos días.
Los Pink Floyd de Baviera editan su octavo disco. Un trabajo especialmente ambientado en las historias de ciencia ficción y el primero de estudio en cinco años. Con él recuperan las sensaciones de antaño. Nunca han ocultado su devoción por los universos floydianos, más bien todo lo contrario, esa es la senda en la que se sienten más cómodos y la que todos sus seguidores esperan. Así las cosas la nueva obra de RPWL no va a decepcionar a nadie, ya que en ella hallamos esa capacidad melódica, casi siempre accesible, que de cuando en cuando se adentra en escondites más sofisticados, aunque lo hace sin que nos demos cuenta, echando mano de uno de sus mandamientos fundamentales: la fluidez…

(Esta semana en Rocktopia: PINK FLOYD, RPWL, WHEEL, CICONIA, SOEN, CANDLEMASS y THE HEARD)

Programa 16 de Marzo de 2019

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Harmony se formaron en el año 2000 en la localidad sueca de Borås. El guitarrista Markus Sigfridsson, el batería Tobias Enbert, y el cantante Henrik Båth fueron los precursores de la banda, la cual tras su maqueta de 2001 consiguió firmar un contrato discográfico con el histórico sello Massacre con quienes editaron su disco de debut, aunque aquello no terminó de fraguar, así que para su segundo capítulo Harmony cambiaron de compañía discográfica. Aquel segundo disco se titulaba “Chapter II: Aftermath” y desde luego marcó un paso adelante en su desarrollo musical. La idea preconcebida permanecía intacta, seguía sin ser demasiado original pero las canciones tomaban nuevos bríos y cotas más altas de acabado, con la banda interpretativamente mucho más solvente. Una banda en la que Kristoffer Gildenlöw (hermano de Daniel y ex de Pain Of Salvation), se ocupaba por entero del bajo. Power metal melódico palmario y de temática cristiana…

Harmony siguen existiendo y fueron sin ninguna duda la semilla de la que germinó otra banda contemporánea como Darkwater. Ni más ni menos que cuatro de los músicos que grabaron el segundo trabajo de Harmony han firmado también el último disco de Darkwater, y curiosamente el quinto miembro de la actual formación es Simon Andersson quien también fuese bajista de Pain Of Salvation. El caso es que estos suecos nos ganaron desde la edición de su primer álbum y lo siguen haciendo más de diez años después, esgrimiendo los mismos argumentos, y haciéndolo con la misma competencia en su nuevo “Human”.
Darkwater forman parte de esa escena escandinava de bandas como Andromeda, Seventh Wonder o Circus Maximus las cuales no se distingue por su experimentación, o búsqueda de nuevos horizontes, pero sí por su pluscuamperfecta manera de aunar buenas canciones, cuajadas de melodías pegadizas, de cambios de tempo fluidos y coherentes. Todo dentro de un entorno eminentemente progresivo pero alejado de grandes exhibiciones instrumentales. Mención especial de nuevo para la voz de Henrik Båth, quien está pletórico, y con cuya nitidez y elegancia ejemplifica al grupo entero…

(Esta semana en Rocktopia: HARMONY, DARKWATER, PROTOMYTHOS, NI, THE INTERSPHERE, 22, TALES OF GLOOM y REEF)

Programa 9 de Marzo de 2019

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Quien más y quien menos puede reconocer que una banda como King Crimson ha sido una de las que mejor se ha adaptado al cambiante paisaje musical. La continuidad no ha sido la constante, sobre todo en las últimas dos décadas, pero el rey carmesí siempre ha mantenido viva su llama, aunque sea a través de proyectos paralelos.
En 1995 la banda de Robert Fripp hacía más de diez años que no editaba un LP. El EP “Vroom” había roto la sequía el año anterior, pero fue “Thrak” el álbum que definitivamente marcó el reinicio de estos pioneros de la experimentación progresiva.
Fripp comenzó a armar una nueva versión de la banda en 1993, con Adrian Belew, Tony Levin, Bill Bruford, Trey Gunn y Pat Mastelotto. Una formación con dos guitarristas, dos bajistas y dos baterías. Una alineación con formato de doble trío con la que explorar nuevas maneras de enfocar su música. Un álbum con una gran carga instrumental en el que tenían cabida las influencias pop traídas por Belew, pero también toda esa carga intransferible de sofisticación retorcida en una fórmula semi-instrumental que recuperaba algunas canciones de su anterior EP. La manera de adaptarse a los comprometidos 90s sin perder la esencia…

Pat Mastelotto saltó a la fama gracias a su periplo con la banda de AOR técnico Mr.Mister. La reputación ganada con ellos le valió para trabajar como músico a sueldo con muchos artistas e ingresar en la filas de King Crimson. Luego, gracias a ello, su prestigio se disparó aún más, habiendo participado desde entonces en múltiples proyectos como HoBoLeMa o más recientemente Mecca, aunque lo que le trae hoy hasta aquí es el que le une a los italianos Lorenzo Esposito Fornasari “LEF” y Carmelo Pipitone; y al ex bajista de Porcupine Tree, Colin Edwin. La reunión de estos músicos se llama O.R.k desde el año 2015 en el que debutaron discográficamente y “Ramagehead” es su tercera entrega. La colaboración de estos artistas de grandes capacidades y filosofía vanguardista nos trae de nuevo la fusión de la psicodelia acústica y el rock matemático preciso, con grandes dosis de melodías a veces emocionales, con esa carga histriónica y de caos controlado…

(Esta semana en Rocktopia: KING CRIMSON, O.R.K., COLD NIGHT FOR ALLIGATORS, KADINJA, ANDY JAMES, DREAM CHILD, LAST IN LINE y DEVIL’S HAND)

Programa 2 de Marzo de 2019

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El estatus de banda de culto es algo que a veces ocurre por casualidad y en otras ocasiones parece que simplemente sucede porque todas las circunstancias conducen a ello. Ese es el caso de Crimson Glory. Ellos nacieron al principio de los 80s intentando imprimir a su música un plus de épica oscuridad y teatralidad que los distinguiera del resto. Querían hacer heavy metal, y lo hacían, pero buscando la melodía, las armonías a dos guitarras, la histriónica y expresiva voz de Midnight, y también prestando atención a su imagen, luciendo durante largo tiempo unas pesadas máscaras de pulido metal con las que ocultaban sus rostros.
Al poco tiempo Crimson Glory consiguieron firmar un contrato con la incipiente compañía Roadrunner con la que editaron sus dos primeros discos, considerados sus trabajos más característicos, y con los que entraron a jugar en la liga de otras bandas de su generación como los primeros Fates Warning y Queensrÿche.
Tras otros dos álbumes, la banda de Florida se sumió en un ir y venir de miembros, de parones, pausas y desequilibrios, que los ha llevado hasta nuestros días, como un grupo que aún existiendo apenas tiene actividad.
“Trascendence”, se editaba en 1988 e incluso consiguió abrir las puertas de la MTV a su música. Se trataban de todas sus credenciales en su máxima expresión. La lírica del metal y la obsesión por los sonidos cristalinos, envueltos en su inseparable halo misterioso…

El fallecimiento de su vocalista original, Midnight, en 2009, puso fin a su larga lista de entradas y salidas en Crimson Glory. Todd La Torre fue uno de sus últimos y más reconocibles sucesores, algo que fue fundamental a la postre para terminar por convertirse en cantante de Queensrÿche..
Tras el cataclismo que significó la sonada y más que polémica ruptura con su vocalista de siempre, Geoff Tate, la presencia de La Torre parece haber devuelto a la banda de Seattle la tranquilidad de la que poco disfrutó con el influyente Tate. Se apresuraron a grabar un primer disco de reinicio en 2013 y su secuela de 2015, pero han tenido que pasar cuatro años para que la continuidad discográfica sea un hecho. “The Verdict” se pone a la venta en estos días, partiendo con la particularidad de que su magnífico batería de siempre, Scott Rockenfield, no ha sido parte del grupo para la grabación, ni lo será para su próxima gira, ocupado criando a su último hijo. Todas las percusiones registradas en “The Verdict” han sido cortesía del propio Todd La Torre quien retoma el instrumento con el que comenzara su andadura musical hace muchos años. De hecho el mismo Rockenfield en alguna ocasión había ponderado a su compañero como buen batería.
Aparte de esa curiosa circunstancia, “The Verdict” apenas se mueve un ápice de lo que son estos Quennsrÿche de la generación post-Tate, o lo que es lo mismo, la reivindicación de los primeros años de la banda, eliminando del sumatorio el factor de evolución, el cual ya no existe, y que fue determinante en el progreso del grupo como banda creadora de obras vanguardistas y tremendamente influyentes. Algo que no es obstáculo para que lo ‘Ryche vuelvan rubricar un estupendo trabajo, que aún pudiendo estar lleno de clichés, son los que ellos mismos crearon y muchos imitaron durante años y años. Y quienes mejor que ellos para retomar el mejor metal melódico y técnico, de denominación de origen americano…

(Esta semana en Rocktopia: CRIMSON GLORY, QUEENSRYCHE, FATES WARNING, GERRY MANCUSO, HAKEN, AUTUMN y WITHIN TEMPTATION)

Programa 23 de Febrero de 2019

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Un músico realmente particular y casi olvidado para abrir la edición de hoy de Rocktopia: el vanguardista y virtuoso guitarrista Tim Donahue. Aunque lo de guitarrista se le queda corto a este músico de primerísimo nivel de origen neoyorkino y afincado en Japón desde hace muchos años.
El inquieto Donahue obtuvo cierta relevancia a finales de los 90s cuando su música y su guitarra sin trastes fueron puestos al servicio de la voz de Paul Rodgers en un álbum semi-instrumental en solitario. Donahue venía del jazz, había estudiado en Berklee y es un entusiasta de la invención de nuevos instrumento. Uno de ellos, el arpa-guitarra, se convirtió finalmente en su única prioridad, ya alejado del mundo del rock.
El caso es que con el nuevo milenio Donahue andaba en su época más metalera y rockera, y se cruzó por su cabeza la idea de llevar su música un poco más allá, para acercarla al mundo del rock y el metal progresivos. Compuso un buen puñado de canciones con un vocalista en mente al que consideró ideal para sus nuevas creaciones. Ese cantante no era otro que James LaBrie. La propuesta fue aceptada por el miembro de Dream Theater, quien recomendó a Donahue contar con los servicios del batería Mike Mangini, a quien LaBrie conocía de sus trabajos en solitario. El proyecto se materializó y fue bautizado con el nombre de Madmen & Sinners.
El resultado fue lo que pretendía ser: un meticuloso y particular trabajo de metal progresivo, en su vena más americana. Tomando como cimientos el alud de riffs descomunales que Tim Donahue era capaz de sonsacar a su guitarra sin trastes, filtrada por efectos que le conferían un carácter realmente monolítico. Mientras, Mike Mangini apaleaba su percusión con su densidad habitual, y por supuesto LaBrie aplacaba la avalancha sónica con maestría marca de la casa.

Quién les iba decir por entonces a James LaBrie y a Mike Mangini, que ambos terminarían siendo compañeros en Dream Theater. Y es que se hacía complicado entender a la banda neoyorkina sin Mike Portnoy. Pero el tiempo pasa y se van a cumplir nueve años desde que el teatro de los sueños adoptó su era post-Portnoy y “Distance Over Time” es la prueba de la estabilidad y la aceptación que en mayor o menor grado sus fans otorgan a su actual encarnación. Musicalmente el nuevo álbum de Dream Theater marca contrastadas diferencias con respecto a su anterior obra. Si aquel era un disco conceptual, doble y por lo tanto extenso, basado en una pretendida sofisticación a todos los niveles, con “Distance Over Time” han querido dar el contrapunto y presentar canciones más escuetas -dentro de unos límites, claro- y menos ampulosas. La banda, por primera vez en mucho tiempo, ha trabajado conjuntamente los temas justo antes de entrar a grabarlos, algo que trasciende a la música en forma de mayor frescura. Como suele ser habitual en su caso, la crítica será dispar en sus valoraciones, y los fans seguirán probablemente llenando sus actuaciones en directo, y eso ocurre cuando una banda como ellos llega a un estatus de grupo por encima del bien y del mal. En cualquier caso, para un servidor, “Distance Over Time” una vez más no mejora lo más destacado de lo que Dream Theater ha hecho en su pasado, pero es que eso son palabras mayores y un objetivo difícil de alcanzar. Se trata de un muy digno capítulo de la banda de Nueva York con el grupo a velocidad de crucero…

(Esta semana en Rocktopia: MADMEN & SINNERS, DREAM THEATER, THE SEA WITHIN, MICHAEL HARRIS, AVANTASIA, MAGNUM y STARBREAKER)

Programa 16 de Febrero de 2019

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Los movimientos musicales progresan, o eso deberían, para adaptarse a la evolución y perseverar en el tiempo. Opeth es un claro ejemplo de ello. Nacieron, sin duda, con la vocación del death metal como base, pero desde el principio abrieron su propuesta a guitarras acústicas y voces limpias que aparecían esparcidas en sus canciones. En pocos años su sonido y estilo se fueron perfilando y sofisticando hasta convertirse en el máximo exponente del híbrido que significa aunar death metal y rock progresivo. Después de un álbum clave como “Black Water Park”, Opeth quisieron ahondar más en todo ello, así que en 2002 decidieron grabar un disco doble con las dos caras de su propia moneda. Uno fue “Deliverance” siguiendo la línea de sus anteriores obras, y el otro “Damnation”, un disco rupturista y relajado, melancólico, semi-acústico, con voces no guturales y toda la carga al descubierto de influencias de bandas como Camel o Caravan, claves en el crecimiento del jefe Mikael Åkerfeldt. “Damnation” se convirtió prácticamente en el nacimiento de los nuevos Opeth, tal y como hoy los conocemos. Se editaba en la primavera de 2003, y lo cierto es que ha envejecido con toda la brillantez que puede hacerlo semejante acopio de emociones templadas, nostálgicas y de grisácea belleza…

“Damnation” fue uno de los últimos discos de Opeth en los que se podía escuchar la batería de Martín López, el sueco-uruguayo que durante nueve años militó en la banda de Mikael Åkerfeldt y la cual abandonó por problemas de salud. Pero él, que es un hombre inquieto, en 2010 se convirtió en uno de los pilares para materializar otra banda como Soen, la cual se basó en un primer momento en el propio Martín, además del prestigioso bajista Steve DeGiorgo ex de Testament entre otros, o el vocalista de Willowtree, Joel Ekelöf. Pocos podrían haber previsto una continuidad del proyecto, después de idas y venidas de varios miembros durante todo este tiempo, pero lo cierto es que “Lotus” se ponía a la venta hace unos días, ya con sólo López y Ekelöf como miembros originales, pero manteniendo el interés y continuando con su crecimiento dentro de la madurez garantizada por sus experiencias anteriores desde el principio. La alargada sombra de Tool sobrevoló descaradamente sus inicios, algo que poco a poco ha ido dando paso, aún sin olvidarlo, a otras tendencias que bien tienen que ver con lo que es ahora mismo Opeth, lo que enriquece aún más su propuesta…

(Esta semana en Rocktopia: OPETH, SOEN, SEVENTH WONDER, JACKY VINCENT, F.M., DARE y TEN)

Programa 9 de Febrero de 2019

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Puede que los 90s hayan sido la época en la que más de moda estuvieron los discos de tributo. Se pusieron en boga álbumes acústicos, también los de grupos de rock con orquesta clásica de respaldo, y esos en los que músicos de todo tipo y filiación rendían homenaje a ciertos artistas, unas veces por admiración y otras por simple encargo lucrativo. Supongo que ese editado en 1999 con el nombre de “Whole Lotta Blues: Songs Of Led Zeppelin” tendría un poco de todo: músicos que sí habían bebido de las fuentes zeppelianas como Eric Gales y otros para los que Zeppelin no eran más que unos chavalitos como el caso de Otis Rush. El factor que definitivamente diferenciaba esta colección de canciones era en realidad que en este disco aparecían temas por su puesto firmados por Jimmy Page, Robert Plant, John Paul Jones y John Bonham, pero también temas de otros a los que Zeppelin habían versioneado a lo largo de su historia, e incluso alguna canción de las que siempre se rumoreó que la banda británica habían plagiado para escribir sus propios temas. Era una forma de humildemente completar un círculo abierto por Led Zeppelin, ellos hijos del blues, y de su aureola de la más terrenal música del diablo…

Eric Gales participó activamente en ese disco de tributo a Zeppelin, una de las tantas colaboraciones que ha realizado a lo largo de su extensa carrera, la cual llega hasta nuestros días con la edición de su último disco titulado “The Bookends”.
Él grabó su primer álbum cuando tan solo tenía 16 años, estuvo en la cárcel por asuntos de droga y posesión de armas, y cuando volvió a lo que mejor sabe hacer, lo hizo con todas las de la ley, creando discos que le han mantenido como favorito de nombres como Joe Bonamassa, Tosin Abasi de Animals as Leaders, o el mismísimo Carlos Santana. Dave Navarro dijo de él que “el hecho de que no fuera considerado el nombre más grande dentro de los guitarristas era un misterio”. El caso es que “The Bookends” nos trae al gran Eric Gales haciendo un repaso a gran parte de su muestrario de estilos e influencias. Los que le han llegado a interesar a lo largo de su trayectoria. Así en él encontramos blues, soul-rock o funk-rock. King’s-X, Jimi Hendrix o Albert King viven por igual como inspiración de sus nuevas canciones…

(Esta semana en Rocktopia: LED ZEPPELIN TRIBUTE, ERIC GALES, WALTER TROUT, ROBBEN FORD, TORBEN ENEVOLDSEN, HEART, THUNDERMOTHER y MASTODON)

Programa 2 de Febrero de 2019

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Cuando ni siquiera habían llegado a la mayoría de edad, unos chavales de Estocolmo, algunos de ellos hijos de inmigrantes sudamericanos, formaron en 1992 un grupo llamado Afterglow. Lo suyo fue llegar y empezar a grabar maquetas e incluso en poco tiempo su primer disco, pero eso sería ya tras cambiar su nombre primitivo por el de Mind’s Eye, que es como se les conocería el resto de su carrera. Su crecimiento gradual se iba plasmando en cada uno de los discos que fueron grabando a lo largo de los años. Era como su propio álbum de fotos en el que se registraba su sorprendentemente rápido desarrollo. Y es que Mind’s Eye a las primeras de cambio dejaron a un lado las influencias acusadas de grupos como Queensrÿche y acuñaron su propia manera de hacer las cosas, deudora también de otros referentes como el AOR, el pomp rock y el rock progresivo. Era una misión complicada, y mucho más para músicos de semejante juventud, pero lograron darle consistencia y marchamo de credibilidad a su heterogénea propuesta, así que para los inicios del milenio Mind’s Eye ya sabían hacia donde iban, merced a su manera propia de hacer las cosas.
2007 sería el año de la confirmación, con la edición de un disco extraordinario titulado “A Gentleman’s Hurricane”. Más convincentes que nunca. Más compactos que en el pasado, Mind’s Eye parecía que habían dado con su fórmula ideal…

El líder de Mind’s Eye, Daniel Flores, puso a su banda prácticamente en stand-by, sobre todo debido a las múltiples ocupaciones musicales que le mantienen atareado como músico de sesión o como cabeza de otros proyectos como Murder Of My Sweet; y el bajista y también guitarrista de Mind’s Eye, Johan Niemann pasó en 2010 a formar parte de otra banda sueca; los mucho más oscuros Evergrey, quienes editan en estos días su undécimo disco. La banda comandada por Tom Englund pone sobre el tapete su sello inconfundible de entender la música. Lamentos emocionales, claustrofobia sónica de un grupo cuyo nombre sirve de adjetivo para describir su filosofía.
“The Atlantic” es la nueva pieza de este puzzle que de manera dubitativa naciese hace más de veinte años. Las dudas desaparecieron hace mucho tiempo, y en su lugar se instaló una fe inquebrantable en lo que hacían y siguen haciendo: metal apasionado de alta capacidad técnica, atmósferas casi góticas y sonoridad a prueba de bombas.
Tomas Englund dice sobre este nuevo disco que “El Atlántico, o cualquier océano, representa gran parte de lo que es la vida: las olas rompiendo, la oscuridad y las profundidades, la soledad y la gran inmensidad… el sentirse pequeño en un mundo enorme, y no saber qué hay al otro lado del océano, cómo te va a tratar y en quién te vas a convertir “.

(Esta semana en Rocktopia: MIND’S EYE, EVERGREY, REDEMPTION, DANIEL BAUTISTA, AMORPHIS, SOILWORK y THE NIGHT FLIGHT ORCHESTRA)

Programa 26 de Enero de 2019

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El líder de Fates Warning, Jim Matheos, ha sido siempre un tipo interesado en la experimentación dentro de unos límites. Desde tiempos remotos él había querido trabajar con Mike Portnoy, algo que era mutuo, no en vano Fates Warning habían sido una referencia durante los primeros pasos de Dream Theater. Así que después de años en la distancia, guitarrista y batería decidieron acometer un proyecto de probeta musical que terminó llamándose OSI, las siglas de Office Of Strategic Influence. Sin embargo ese nombre no se le ocurrió a ninguno de ellos, sino a otro invitado a formar parte del proyecto, el ex teclista de Dream Theater, Kevin Moore. Pero Moore no sólo fue vital a la hora de bautizar al proyecto, sino que fue clave a la hora determinar la dirección musical del mismo. Matheos le envió un esqueleto con dirección de prog metal de libro, y Moore le devolvió las mismas canciones, pero desfiguradas por su aplastante carácter, interesado por la vanguardia y la experimentación. No era su idea inicial, pero Matheos escuchó aquello y quedó prendado. Giro creativo y nuevas maneras. Un vuelco que llegó para quedarse desde el primer capítulo de la dispersa historia de OSI a través de su primer disco editado en 2003…

OSI es uno de los incontables frentes abiertos por Mike Portnoy a lo largo de su interminable currículum, aunque más tarde cerrara esa puerta para darle prioridad, entre otras, a su actividad con la banda de Neal Morse. Él es su amigo y compañero en otras batallas, como Transatlantic o Flying Colors, y esa amistad y química es fundamental para el buen funcionamiento de la Neal Morse Band cuyo nuevo disco se pone a la venta en estos días. Se trata de un trabajo titulado “The Great Adventure” en el que Morse y los suyos (que vuelven a ser principalmente Mike Portnoy a los tambores, Randy George al bajo y el estupendo Eric Gillete a la guitarra), con el indiscutible liderazgo y maestría del ex Spock Beard, presentan un trabajo tan previsible como atractivo, porque pocos como Neal Morse saben aplicar al prog rock tradicional norteamericano, la épica y la cercanía como él sabe hacerlo. Con argumentos espirituales “The Great Adventure” y su tono conceptual parecen esta vez más concisos en el metraje de las canciones con picos grandilocuentes y valles más intimistas, y por el camino espolvoreados, cómo no, estupendos pasajes instrumentales…

(Esta semana en Rocktopia: O.S.I., NEAL MORSE BAND, ROINE STOLT’S THE FLOWER KING, TOSKA, BLACK PEAKS, SWALLOW THE SUN y DARK MOOR)

Programa 19 de Enero de 2019

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En 1975 una joven banda alemana renacida de sus propias cenizas y bautizada bajo el amenazante nombre de Scorpions, pasaba por una de sus épocas más dubitativas. La marcha de su flamante y joven guitarra solista, Michael Schenker, había hecho que el grupo pasara por un momento de pausa en su existencia, pero finalmente su hermano Rudolph y el cantante Klaus Meine decidieron continuar con nuevos bríos, gracias, entre otras cosas, a la incorporación de un nuevo guitarrista llamado Uli Jon Roth.
“In Trance” fue el álbum que representó un cambio de filosofía para Scorpions. La influencia de las músicas más espaciales deudoras de la escena imperante en aquella época en Alemania, daban paso a canciones más escuetas, en las que el influjo hendrixiano de Uli Roth se conjugaba con las intenciones determinadas a hacer música más directa y accesible. Algo que provenía, entre otras cosas, de la filosofía aplicada por el productor Dieter Dierks, quien a pesar de estar fuertemente relacionado con el krautrock, empujó para que Scorpions buscaran nuevos horizontes musicales. En septiembre de 1975 se editaba “In Trance”, el primero de una larga y exitosa saga de discos, y también el primero en sembrar la polémica con su controvertida portada, luego censurada por mostrar el pecho de la modelo fotográfica que en ella aparecía…

Uli Jon Roth terminó su relación con Scorpions tan solo tres años después de la publicación de “In Trance”. Su carrera en solitario se ha sucedido desde entonces de manera muy discreta. Uno de los últimos vocalistas de su grupo es Nathan James, quien cantaba la canción “In Trance” en uno de los últimos discos de Roth, y quien también ha sido cantante de la Trans-Siberian Orchestra. Aunque lo que le trae hoy hasta el programa es la publicación del nuevo disco de su banda: Inglorious. Ellos se formaron en 2014, aprovechando el tirón que Nathan James había tenido con sus anteriores aventuras y también como concursante del programa La Voz británico. James quería dejar claro que lo suyo no era pose, sino la pasión por el hard classic rock de grupos con los que creció como Deep Purple, Led Zeppelin, Whitesnake o Bad Company. La prensa británica, encabezados por la biblia rockera Classic Rock, dieron su beneplácito para que Inglorious abanderaran la nueva generación de bandas de ese estilo provenientes del Reino Unido. Después de dos buenos discos de tanteo “Ride To Nowhere” verá la luz el próximo 25 de enero, erigiéndose como, desde mi modesta opinión, el mejor trabajo de la prolífica carrera del combo inglés. No hay nada nuevo, salvo que al parecer la inspiración ha sido aún más generosa esta vez en la consecución de estas canciones, además tocadas por la varita mágica de la producción de un profesional de la categoría de Kevin Shirley…

(Esta semana en Rocktopia: SCORPIONS, INGLORIOUS, BERNHARD WELZ, JOHN GARCIA, CODY CARPENTER, URIAH HEEP, PRESTO BALLET y METAL CHURCH)