Programa 7 de Diciembre de 2019

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Hoy, para empezar, nos detenemos en la ciudad australiana de Melburne. De allí salieron a mediados de los 70s cuatro chavales que apenas contaban con la mayoría de edad, y que al parecer no sabían que en Irlanda, años antes, un tal Rory Gallagher había formado un grupo llamado Taste. Supongo, ya digo, que sería fruto de esa ignorancia llegar a la conclusión de que Taste era también un buen nombre para su banda. El caso es que eran los 70s, así que estos Taste australianos hicieron lo propio, o sea, meter codo y tocar, tocar y tocar allí donde podían. En 1976 grabarían su primer LP. Un disco titulado “Tickle Your Fancy”. Taste fueron los artistas más jóvenes en firmar para Warner Music Australia y lanzaron dos álbumes, llegando a meter algunas canciones en el Top-20 de las listas de su país. Los pecados de juventud se suplían con la frescura y el descaro propios de la edad, para dar con una forma de hacer las cosas por la que serían comparados con formaciones de glam británicas como Sweet, aunque lo suyo también tenía que ver con otros nombres como UFO…

El nexo de unión entre una banda como Taste y nuestro próximo invitado es tan fácil como que él fue uno de los fundadores del lejano grupo, su primer banda seria cuando apenas contaba con dieciocho años de edad. Él era batería de Taste y lo ha sido luego de grupos de prestigio como Planet-X o Ring Of Fire, además de haber sido músico de sesión para gente como Steve Vai, Tony MacAlpine, Derek Sherinian o Kiko Loureiro. Estamos hablando del excepcional batería Virgil Donati.
Donati además fue uno de los serios candidatos para ocupar el puesto de Mike Portnoy en Dream Theater. La cosa no salió y el ha seguido con su carrera de músico a sueldo, pero también en solitario. Perteneciente a este último apartado se edita en estos días su nuevo “Ruination”. Un álbum complejo y retador con el que se explaya a sus anchas en esa horquilla musical no tan explorada que va del rock/metal-fusión al rock progresivo y los coqueteos con el djent. Evidentemente una apuesta arriesgada de un músico inquieto. No en vano su anterior obra la realizó en el ámbito de la música clásica. En “Ruination” se hace custodiar por músicos de su confianza. Gente que le ha acompañado en vivo en los últimos tiempos y colaboradores como las de el guitarrista Marco Sfogli o el teclista de Allan Holdsworth, Steve Hunt. Y desde luego el propio Holdsworth puede haber sido una fuente de inspiración para este sensacional, y esquivo “Ruination”. Obra semi-instrumental cuyo peso descansa en gran medida en la exuberante manera de tocar la batería de Virgil Donati, en las percusivas guitarras y las apariciones vocales de Irwin Thomas con quien Virgil comparte banda en los Southern Sons. Un álbum para escucharlo y re-escucharlo sabiendo que hacerlo es una inversión de placer auditivo a medio plazo…

(Esta semana en Rocktopia: TASTE, VIRGIL DONATI, TERAMAZE, VINNIE MOORE, JORDAN RUDESS, BON VIVANT y DRAGONFORCE)

Programa 22 de Junio de 2019

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Historias de bandas tenaces y discretas a lo largo del tiempo. En 1994 tuvo lugar la formación del combo romano DGM. Se trataba de un grupo instrumental cuyas siglas coincidían con el nombre de sus componentes. Mercados lejanos como el japonés les abrieron los brazos, y gracias a ello, entre otras cosas, pudieron continuar su carrera en un momento poco favorable. Los cambios de formación se sucedieron constantemente, hasta el punto de que tras algún tiempo ninguno de los miembros originales, a los que DGM debía su nombre, continuaban en la banda. Uno de esos nuevos miembros era Simone Mularoni: productor e ingeniero de sonido, además de guitarrista de su generación, que entró en el grupo italiano para aportar un punto de modernidad y un plus de virtuosismo. El primer disco de DGM con Mularoni como pieza básica sería “Different Shapes”. Álbum editado en 2007 que encauzaba la propuesta del grupo dentro de unos parámetros más concretos, para explotar sin complejos todo su potencial como ejemplo de buen prog power metal melódico, a lo que se sumaba la experiencia a nivel sonoro del propio Mularoni, que se encargó también de esa faceta creativa. El resultado fue un disco de críticas positivas por parte de la prensa y público.

Hace algunos años DGM firmaron con el sello discográfico italiano Frontiers. Una relación muy natural dada la procedencia y el calado de ambas partes. El caso es que esa relación ha traído consigo la participación recurrente de Simone Mularoni como músico de estudio y productor de algunos de los lanzamientos que la compañía ha puesto en marcha en los últimos años. Uno de ellos, y seguramente de los más ambiciosos, es el que lleva por nombre Sweet Oblivion. Significa la unión del músico trasalpino con el talento de uno de los vocalistas más característicos en su especie de los últimos treinta años, ni más ni menos que el tantas veces errático Geoff Tate. Afortunadamente, Tate ha encontrado en la compañía de Mularoni el poso de tranquilidad y las ideas prefijadamente claras, que pueden ser la mejor medicina para el actual cantante de Seattle. Su tradicional audacia no está aquí, pero eso es algo que últimamente no le estaba dando buenos resultados, así que a cambio nos encontramos con una colección de temas poco sorpresivos, como era de esperar por parte de Mularoni, pero con su clarividencia ya clásica. Buenas canciones, estupenda producción, magníficas interpretaciones, y la voz de Tate que, después de muchas lunas dando palos de ciego, encuentra uno de los lugares naturales por los que se hizo el referente que siempre ha sido. Metal melódico y profundo de primer nivel. Nada nuevo, pero que recuerda a los Queensryche más accesibles y representa una buena noticia para muchos…

(Esta semana en Rocktopia: D.G.M., SWEET OBLIVION, QUEENSRYCHE, MYRATH, PAUL GILBERT, NEAL MORSE, JORDAN RUDESS y KENNY WAYNE SHEPHERD)

Programa 20 de Abril de 2019

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Una de las características de Dream Theater, sobre todo a partir de verse asentados como banda de referencia, fue su enorme ética de trabajo y su casi obsesiva pasión por crear música. Al final de la década de los 90s se produjo cierto movimiento de resurgimiento de la escena del rock progresivo y estilos afines, a nivel global. Una de las discográficas claves en aquellos años de nuevos bríos sería la californiana Magna Carta. Ellos se acercaron a Mike Portnoy, con quien estaban trabajando en diferentes proyectos, y le propusieron la confección de un súper-grupo a la antigua usanza. Portnoy elegiría a los músicos con los que quería trabajar y editarían el correspondiente disco. Corría el año 1996. El batería de Dream Theater escribió una larga lista en la que quedaron confirmados el Mr.Big, Billy Sheehan como bajista y el Stratovarius Jens Johansson como teclista. La elección de un guitarrista fue más complicada: Trevor Rabin, ex de Yes; Steve Morse de Deep Purple; Dimebag Darrell de Pantera o hasta Brian May de Queen fueron contactados. A unos les era imposible cuadrar su agenda, y otros simplemente dijeron que no. El proyecto quedó entonces en pausa, hasta que meses más tarde, al segundo intento, tras la insistencia de la discográfica, Mike Portnoy retomó negociaciones. La disponibilidad había cambiado. Tony Levin bajista de King Crimson y el teclista siempre pretendido por Dream Theater, Jordan Rudess, dieron el sí. El puesto de guitarrista volvió a ser un obstáculo, hasta que Portnoy, tirando por la calle de en medio, ofreció el puesto a su entonces compañero John Petrucci, quien aceptó encantado. Listos y preparados, Liquid Tensión Experiment acababa de nacer. Uno de los proyectos paralelos de mayor reputación de todos los pergeñados por miembros de Dream Theater cobraba por fin vida, pero con una filosofía muy distinta a ellos. Esta vez se trataba de improvisar, de tocar todos juntos en el estudio de grabación y observar qué sucedía. Y lo que sucedieron fueron dos estupendos álbumes, muy bien recibidos, el primero de los cuales sería editado en marzo de 1998…

Cuando todavía está colocado en el departamento de novedades de las tiendas de discos (de las pocas que desgraciadamente hoy existen) el último disco de Dream Theater, nos encontramos con el lanzamiento en solitario de su ínclito teclista. “Wired For Madness” es, si no me fallan las cuentas, el decimocuarto álbum en solitario de Jordan Rudess. Una carrera por sí mismo que comenzó cuando pocos lo conocían al final de los 80s y que llega hasta la actualidad plagada de trabajos de muy diverso pelaje. El neoyorkino siempre ha utilizado este tipo de discos para hacer de ellos el contenedor de ideas que no caben en su banda de turno, en este caso Dream Theater. Y lo hace sin ningún complejo. A veces con álbumes homogéneos, con una filosofía clara, y en otras ocasiones, como es el caso de su nueva obra, optando por recolectar canciones de diferente naturaleza. En “Wired For Madness” hay cabida para el rock progresivo y sinfónico de la vieja escuela; tiempo para la fusión y hasta momento para el blues. Todo es bienvenido en la inmensa mente musical de este prodigioso teclista e investigador y creador de sonidos sintetizados. Un disco disperso, mitad instrumental y en el que encontramos la discreta de voz de Rudess al lado de colaboraciones de lujo, como las del inmenso Marco Minnemann o su amigo en Dixie Dregs, Rod Morgenstein a los tambores. O si no guitarristas de la categoría de Vinnie Moore, Guthrie Govan, Joe Bonamassa o su compañero John Petrucci.

(Esta semana en Rocktopia: LIQUID TENSION EXPERIMENT, JORDAN RUDESS, DREAM THEATER, NICOLAS WALDO, GARY HOEY, BACKYARD BABIES y SWALLOW THE SUN)