Programa 20 de Abril de 2019

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Una de las características de Dream Theater, sobre todo a partir de verse asentados como banda de referencia, fue su enorme ética de trabajo y su casi obsesiva pasión por crear música. Al final de la década de los 90s se produjo cierto movimiento de resurgimiento de la escena del rock progresivo y estilos afines, a nivel global. Una de las discográficas claves en aquellos años de nuevos bríos sería la californiana Magna Carta. Ellos se acercaron a Mike Portnoy, con quien estaban trabajando en diferentes proyectos, y le propusieron la confección de un súper-grupo a la antigua usanza. Portnoy elegiría a los músicos con los que quería trabajar y editarían el correspondiente disco. Corría el año 1996. El batería de Dream Theater escribió una larga lista en la que quedaron confirmados el Mr.Big, Billy Sheehan como bajista y el Stratovarius Jens Johansson como teclista. La elección de un guitarrista fue más complicada: Trevor Rabin, ex de Yes; Steve Morse de Deep Purple; Dimebag Darrell de Pantera o hasta Brian May de Queen fueron contactados. A unos les era imposible cuadrar su agenda, y otros simplemente dijeron que no. El proyecto quedó entonces en pausa, hasta que meses más tarde, al segundo intento, tras la insistencia de la discográfica, Mike Portnoy retomó negociaciones. La disponibilidad había cambiado. Tony Levin bajista de King Crimson y el teclista siempre pretendido por Dream Theater, Jordan Rudess, dieron el sí. El puesto de guitarrista volvió a ser un obstáculo, hasta que Portnoy, tirando por la calle de en medio, ofreció el puesto a su entonces compañero John Petrucci, quien aceptó encantado. Listos y preparados, Liquid Tensión Experiment acababa de nacer. Uno de los proyectos paralelos de mayor reputación de todos los pergeñados por miembros de Dream Theater cobraba por fin vida, pero con una filosofía muy distinta a ellos. Esta vez se trataba de improvisar, de tocar todos juntos en el estudio de grabación y observar qué sucedía. Y lo que sucedieron fueron dos estupendos álbumes, muy bien recibidos, el primero de los cuales sería editado en marzo de 1998…

Cuando todavía está colocado en el departamento de novedades de las tiendas de discos (de las pocas que desgraciadamente hoy existen) el último disco de Dream Theater, nos encontramos con el lanzamiento en solitario de su ínclito teclista. “Wired For Madness” es, si no me fallan las cuentas, el decimocuarto álbum en solitario de Jordan Rudess. Una carrera por sí mismo que comenzó cuando pocos lo conocían al final de los 80s y que llega hasta la actualidad plagada de trabajos de muy diverso pelaje. El neoyorkino siempre ha utilizado este tipo de discos para hacer de ellos el contenedor de ideas que no caben en su banda de turno, en este caso Dream Theater. Y lo hace sin ningún complejo. A veces con álbumes homogéneos, con una filosofía clara, y en otras ocasiones, como es el caso de su nueva obra, optando por recolectar canciones de diferente naturaleza. En “Wired For Madness” hay cabida para el rock progresivo y sinfónico de la vieja escuela; tiempo para la fusión y hasta momento para el blues. Todo es bienvenido en la inmensa mente musical de este prodigioso teclista e investigador y creador de sonidos sintetizados. Un disco disperso, mitad instrumental y en el que encontramos la discreta de voz de Rudess al lado de colaboraciones de lujo, como las del inmenso Marco Minnemann o su amigo en Dixie Dregs, Rod Morgenstein a los tambores. O si no guitarristas de la categoría de Vinnie Moore, Guthrie Govan, Joe Bonamassa o su compañero John Petrucci.

(Esta semana en Rocktopia: LIQUID TENSION EXPERIMENT, JORDAN RUDESS, DREAM THEATER, NICOLAS WALDO, GARY HOEY, BACKYARD BABIES y SWALLOW THE SUN)

Programa 24 de Junio de 2017

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La Wikipedia define la palabra supergrupo como “un término utilizado para describir a grupos de música formados por artistas que han tenido fama con grupos anteriores o a nivel individual”. Un término utilizado muchas veces de forma gratuita, pero que iba como anillo al dedo a la banda formada por Ted Nugent, Jack Blades de Night Ranger, Tommy Shaw de Styx y un Michael Cartellone, actual batería de Lynyrd Skynyrd por entonces semi-desconocido. Aquel supergrupo se llamó Damn Yankees y fue formado en 1989 aprovechando un periodo de ruptura en las bandas de procedencia de sus componentes.
Nugent, Blades y Shaw habían vendido millones de discos con sus bandas nodriza; habían sido parte esencial de ese éxito, y sabían las fórmulas necesarias para reverdecer el triunfo ya conocido. Así que se pusieron manos a la obra. Calcularon el sumatorio de ingredientes necesario y se sacaron de la manga un primer álbum, producido por Ron Nevison (quien acababa de trabajar con Europe o Kiss ) y titulado como la propia banda, el cual se erigió como ganador desde el minuto uno, terminando su carrera triunfal como doble disco de platino en Estados Unidos. Esa combinación de AOR y hard Rock clásico americano alcanzaría cotas muy altas de popularidad y ventas gracias a temas como “Coming of Age”…

Cuando Damn Yankees se vieron abocados a la desaparición, uno de las cosas que con el tiempo terminaron sucediendo (más tarde o más temprano), fue la reunión de las distintas bandas de procedencia de sus componentes. En el caso de Tommy Shaw, para volver a ser parte de Styx. Un grupo que en España nunca despuntó (como tantos otros), mientras en Estados Unidos contaba por discos de platino cada uno de sus cuatro primeros lanzamientos. Mucho tiempo ha pasado desde entonces, y no tanto, pero también bastante, el que hacía que Styx no regresaban al mercado discográfico con un nuevo álbum original. Y es que hacía nada menos que 14 años que el combo de Chicago no presentaba nuevas canciones. Silencio musical roto por fin con la edición de “The Mission”, su nueva y flamante criatura.
Con la ausencia desde hace mucho tiempo de uno de sus fundadores, Dennis de Young, pero todavía con un núcleo aún coherente del grupo, Styx parecen haber llevado a cabo un ejercicio de autocomplaciencia bien entendida. No han mirado a nadie; no han prestado atención a modas imperantes, y han confeccionado un álbum a su más puro estilo, con esa grandilocuencia desenfadada del Pomp-Rock, del que fueron uno de sus máximos exponentes, y ambientándolo en un entorno conceptual de ciencia ficción,
Según la revista Guitar Player: “The Mission es un álbum profundo, conceptual y cinemático que ofrece a sus oyentes un apasionado viaje emocional…”
Lo indiscutible es que son Styix, que son una leyenda viva y que han vuelto por sus fueros, y por eso eso son nuestro disco de portada esta semana…

(Esta semana en Rocktopia: DAMN YANKEES, STYX, AYREON, NAD SYLVAN, NICOLAS WALDO, KXM, SIN, DEEP PURPLE y THOMAS WYNN AND THE BELIEVERS)