Programa 18 de Mayo de 2019

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Led Zeppelin siempre han sido una de las grandes leyendas de la historia del rock, y algo que ha contribuido decisivamente a ello es el hecho de haber rechazado sistemáticamente todas las ofertas de reunión que les han puesto encima de la mesa. El final de los 80s y el principio de los años 90s fue un periodo especialmente fructífero para las rumorologías en ese sentido. Hay quien dice que por aquel entonces era Robert Plant quien no daba su brazo a torcer, y hay quien piensa que esa fue una de las razones para que Jimmy Page decidiese cambiar de compañero de viaje para unir sus fuerzas a las de David Coverdale. Los años de mega éxito de Whitesnake ya eran historia; la música alternativa había barrido con todo ello, pero el tirón de Coverdale era todavía evidente, así que ambos se pusieron a trabajar en la consecución de un disco que fuera el perfecto híbrido de lo que tanto guitarrista como cantante significaban. O sea, el cruce de los Led Zeppelin más rockeros con los Whitesnake de aquellos tiempos.
El proyecto comenzó oficialmente en 1991. Las canciones del álbum se grabaron en forma de producción de alto presupuesto en estudios del más alto nivel, como los Little Mountain de Vancouver, Criteria Studios de Miami, o los míticos Abbey Road londinenses. Sin embargo, el disco en sí se retrasó en la postproducción durante más de un año, hasta que finalmente vio la luz en marzo de 1993.
Producción del gran Mike Fraser, quien venía de trabajar en aquella época con los propios Whitesnake, además de AC/DC, Aerosmith o The Cult, e importante la participación del batería Denny Carmasi, el hombre de Mostrose, Sammy Hagar o Heart. “Coverdale-Page”, que es como simplemente se denominó el álbum, llegó a disco de platino en Estados Unidos y Canadá, buenas ventas en otros países como el Reino Unido o Alemania y cosechó críticas mayoritariamente positivas, para terminar siendo un clásico casi olvidado…

El cataclismo que provocó el rock alternativo se llevó por delante a los Whitesnake de los cabellos cardados y a casi todos sus congéneres. Pero el destino, que es caprichoso, ha querido que grupos como ellos aún existan y gocen de buena salud, como queda probado con la edición del nuevo álbum de Whitesnake. Detrás de una más que dudosa portada y titulado “Flesh and Blood”, se acaba de editar después de más de un año de dilación. Significa la vuelta de la serpiente blanca tras su trabajo de versiones de Deep Purple en 2015, el cual no fue entendido por gran parte de público y prensa. Así que nos tenemos que remontar a 2011 para encontrar al antecesor de “Flesh and Blood” como disco original de estudio, y creo que en la comparación sale ganando este último capítulo de la serpiente blanca. En parte gracias al notable estado de voz de un icono generacional como es David Coverdale, y por supuesto porque el álbum está dotado de buenas y variadas canciones, dentro de lo que es el espectro de los últimos Whitesnake, en esa persecución por encontrar el balance de los últimos ochenta, los primeros años de esa década y la adaptación relativa a los tiempos que corren.
La formación se beneficia de una alineación de músicos ya estable desde hace muchos años, sobre todo en el caso del ex guitarrista de Winger, Reb Beach, quien co-escribe con Coverdale las canciones, y uno de los baterías más aclamados de Whitesnake, Tommy Aldridge que repite tras volver al redil en el anterior disco…

(Esta semana en Rocktopia: COVERDALE-PAGE, WHITESNAKE, BURNING RAIN, LAST IN LINE, OLA ENGLUND, PER WIBERG, OPETH y UNITED PROGRESSIVE FRATERNITY)